Matoneo a magistrado

Matoneo a magistrado

¿Por qué calificaron a Bernal de traidor? Traidor es el que se compromete a algo que no cumple.

28 de mayo 2017 , 02:52 a.m.

Humberto de la Calle, arquitecto de la Constitución del 91 que creó a la Corte Constitucional como órgano de control, se puso furioso porque la Corte controló. Cinco magistrados contra tres fallaron contra la prohibición de que el Congreso introdujera cambios a los borradores de leyes reglamentarias de los acuerdos de paz sin que el Presidente les diera permiso.

En La Habana les vendieron a las Farc un acuerdo distinto, que comprometía al Gobierno a que ningún órgano del Estado alteraría una letra de lo allí convenido. ¿Con qué atribuciones? Con las que le parecieron al abogado español Enrique Santiago.

Pero como la Corte Constitucional tiene una función autónoma, cinco magistrados resolvieron ser fieles a los lineamientos constitucionales y casi por primera vez en este proceso de paz se atrevieron a decirles No a los impulsos del Gobierno, que en otras ocasiones patrocinaron, como cuando dejaron de reconocer cuál es el pueblo en una democracia representativa que dice No, y lo sustituyeron por el Congreso.

El acto de independencia de la Corte fue de inmediato calificado como una traición que, a manera de matoneo, resolvieron atribuirle al primíparo magistrado Bernal, quien venía recomendado como gran constitucionalista por el rector del Externado y corredactor de la JEP Juan Carlos Henao, luego de que el Presidente, según contó, sometió a sus ternados a un test de fidelidad al acuerdo de paz. Al pobre doctor Henao lo han puesto a repetir: “¡Bernal sí quiere la paz! ¡Bernal es amigo de los acuerdos!”.

Pero ¿por qué calificaron a Bernal de traidor? Traidor es el que se compromete a algo que no cumple. ¿Se había comprometido el doctor Bernal a cambio de su postulación a decirle al Gobierno a todo que sí?

En cambio, el magistrado Lizarazo, quien venía de La Habana de ser directamente asesor del Alto Comisionado para la Paz mediante contratos suscritos por el Gobierno hasta noviembre del 2016, sí hizo su tránsito, calladito, de asesor de paz a magistrado de la Corte sin ningún traumatismo ni impedimento; y como votó en contra de la demanda de Iván Duque que provocó todo este revuelo al romperle el espinazo a la dictadura presidencial, nadie salió a acusarlo de traidor.

Del fallo de la Corte, Humberto de la Calle no solo dijo que era “extremadamente grave”, sino que ponía en jaque la paz. Y con este pretexto lanzó por tercera vez su candidatura presidencial. Es decir, sus intereses electorales están montados sobre una Corte que, según él, no falló como el Gobierno quería, y él le prestará a la patria el servicio de proteger los acuerdos de las futuras desviaciones de la Corte.

Eso, unido a las declaraciones que este miércoles dio Santrich a Yamid Amat, en las que aseguró que el magistrado Bernal “ha prejuzgado, es un enemigo del proceso; el nuevo magistrado inclinó la balanza en contra de la reconciliación”, son las cosas más graves que se han dicho contra la seguridad física de un magistrado, por un lado, pero también sobre la independencia, imparcialidad y fidelidad que ese magistrado debe a la Constitución, a cuyo cuidado lo tienen a cargo.

Lo grave de todo esto es que suena como una advertencia. No solo para los magistrados que ya están en la Corte, sino para los dos que faltan y que serán elegidos de ternas enviadas por la Corte Suprema. Deberán estar alineados para despejar cualquier duda sobre la legalidad y juridicidad de las intenciones de este gobierno. Tendrán que ser colaboradores sumisos de sus impulsos legislativos. De lo contrario, serán públicamente enjuiciados como saboteadores de la reconciliación.

Quedan notificados de que no se permitirá que lleguen más magistrados de esos que puedan cambiar el libreto exhibiendo independencia e imparcialidad, esencia de la justicia. El que lo haga queda sometido al matoneo de Santrich y al escarnio de todos los juristas del anillo del Gobierno. Y quedará matriculado como materia prima de la candidatura presidencial de Humberto de la Calle, porque la paz, tal y como él la diseñó –el mejor acuerdo posible–, no aguanta que la Corte Constitucional controle porque todo el andamiaje se pone a temblar.

Entre tanto... Entre los delincuentes del ‘clan del Golfo’ que tiene censados el Ministro de Defensa, ¿tendrá contabilizados a ‘los del Filo’?”.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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