Lo que nos jugamos

Lo que nos jugamos

En la abstención puede influir que los líderes del Sí son dos de las personas con menor favorabilidad en el país: el presidente Santos y 'Timochenko'.

02 de octubre 2016 , 12:32 a.m.

Los encuestadores dicen que su trabajo refleja la foto del momento. Y, para ser justos, es verdad. Pero también abusan de esa explicación para justificar sus desaciertos. El siguiente ejercicio, no científico, es producto de promediar los resultados de seis de las principales encuestadoras que revelaron su foto el día límite legalmente permitido, el martes pasado: Datexco, Gallup, Centro Nacional de Consultoría, Cifras y Conceptos, Ipsos y la recientemente creada del exregistrador Ariel Sánchez, Ecoanalítica Guarumo (con más nombre de agroproyecto que de encuestadora). Ya que estoy promediando, es justo decir que esta empresa presenta el margen más estrecho entre el Sí y el No; y el más amplio, el CNC.

Hay 34’899.945 colombianos aptos para votar. Para ganar, el Sí requiere el 13 %, lo cual arroja un mínimo de 4’536.992.85 votos.

Promediando las distintas encuestas, por el Sí votaría el 61 %, es decir, 7’451.137 personas. Y por el No, el 36 %, o sea, 4’397.392. Así, el Gobierno obtendría casi el doble de los votos, lo cual lo dejaría muy bien parado en cuanto a la legitimidad casi incuestionable que tendría el plebiscito. (Y digo ‘casi’, porque no se nos puede olvidar la trampa de haber bajado el umbral del plebiscito del 25 % del censo electoral al 13 %).

Sin embargo, la foto del martes –promediando los encuestadores–, que parece tan favorable al Presidente, puede resultar no siendo la misma foto de hoy domingo. Están en juego muchas variables.

Una, la abstención. Se calcula que podría ser de entre 60 y 65 %. En ella puede influir que los líderes del Sí son dos de las personas con menor favorabilidad en el país, el presidente Santos y ‘Timochenko’. Otro factor no descartable es el efecto del ‘show’ de la firma del pasado lunes en Cartagena, que tiene a muchos pensando que esto ya se decidió, voten como voten. Hasta el huracán Matthew podría impedir que los costeños voten bajo la lluvia.

Al Gobierno le haría daño que la abstención sea muy alta. Se presentaría un fenómeno de déficit democrático, producto de un mecanismo no confiable ante los electores, del cual habría 4 culpables: el Presidente, que se inventó el plebiscito; el Congreso, que lo aprobó; la Corte, que lo avaló; y las Farc, con su desprestigio.

El segundo factor que podría derivar en una sorpresa es la difícil medición de los del No. Con su torpe campaña de asociarlo con la guerra, el Gobierno no logró disuadirlos, pero los llevó a que se mostraran más reservados que los del Sí a la hora de revelar su voto, por el pudor social de ser estigmatizados como enemigos de la paz.

Tan es así que algún encuestador mantiene en secreto un colchón del 20 % de ascenso del No a la hora de votar, consciente de las dificultades de encuestarlo acertadamente. Es decir, en este otro escenario, el Sí estaría inflado y el No, subestimado.

En resumen, hoy el país se juega su futuro entre dos resultados: que Santos gane el plebiscito por una diferencia grande, o que Uribe no pierda por una diferencia tan grande.

Eso, partiendo de la base de que no se pierda el plebiscito. Porque en esa eventualidad no sé qué haría el Presidente, distinto de renunciar. Él nos metió en esta disyuntiva del todo o nada. Yo espero con el alma que el resultado sea bien distinto, y que gane el Sí. Pero el Presidente tiene que ganarlo con holgura, o no tendrá la gobernabilidad necesaria para poner en marcha en 180 días todo el aparato del Congreso vía ‘fast track’, que necesitará para implementar unos acuerdos que tienen muchas zonas grises, para no decir negras, y que ya las Farc comenzaron a “malinterpretar”.

Por el contrario, si el No resulta muy pegado, aunque no gane, se despejará de manera inequívoca la incógnita de si Álvaro Uribe tiene vida después del Sí.

Mañana empieza la carrera presidencial del 2018, entre los que saldrán a cobrar el Sí y los que cobrarán el No. Lo único que no se discute es que hoy nos jugamos, entre unos límites de riesgo más peligrosamente estrechos que en cualquiera otra elección reciente, el porvenir.

Entre tanto… Que no le dejen los ‘rastrojos’ capturados al Ministro de Justicia, porque los manda para la casa.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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