La semana Trump de Santos

La semana Trump de Santos

¿Quién le dirá tantas mentiras al Presidente? Lo hace equivocarse mucho.

06 de agosto 2017 , 12:07 a.m.

En los seis meses que van corridos desde que inició su gobierno, Donald Trump viene sufriendo una imparable caída de funcionarios claves. A unos los ha despedido por mal nombrados. Otros han preferido salir corriendo.

Recién llegado, el 20 de enero, como nos lo recuerda detalladamente ‘The Washington Post’, Trump despide a todos los diplomáticos que no fueran de carrera y les pide el puesto para ese mismo día. Diez días después despide a Sally Yates, la fiscal general que desafió las prohibiciones de inmigración de Trump. En febrero, el turno fue para Michael Flynn, su consejero de seguridad nacional. El 9 de mayo despide al jefe del FBI, James Comey. A finales del mes renuncia Mike Dubke, su director de comunicaciones. En julio renuncia el director de la Oficina de Ética del Gobierno, Walter Shaub. Pocos días después renuncia el jefe del grupo de abogados que defiende a Trump en el caso ‘Rusiagate’, Marc Kasowitz. El 21 de julio renuncia su secretario de prensa, Sean Spicer. Cuatro días después renuncia su asistente Michael Short. Tres días después, Trump saca a su jefe de personal, Reince Priebus, quien es reemplazado por el general Kelly, que también maneja el Departamento de Seguridad Nacional. Y quien a su vez recomienda a finales de julio remover de su cargo al recién nombrado Anthony Scaramucci como director de comunicaciones, y no hay necesidad de preguntar por qué. No es sino repasar sus declaraciones durante la primera y única semana al frente de su cargo: de Priebus dijo que era un “FK*@#ˆ* paranoico-esquizofrénico”. Del asesor de Trump, Steve Bannon, dijo que no se parecía a él porque se la pasaba chupando su propio... pirulí”. Y de los posibles filtradores de información de la Casa Blanca dijo: “Lo que quiero hacer es FK*@#ˆ* matarlos a todos”.

Guardadas las proporciones, al presidente Santos, aquí en Colombia, le tocó vivir su propia semana Trump.

Después de haberles solicitado la renuncia a todos sus ministros y directores de institutos, 45 renuncias en total, Santos se tomó los siguientes quince días para reestructurar un nuevo equipo que le garantizara gobernabilidad.

Al final, terminó con un chorro de babas. Ministros se cambiaron dos y se reencaucharon otros dos. Nada interesante hay por ahí, salvo porque el regreso de Alemania de esa excelente funcionaria que es María Lorena Gutiérrez podría verse como una afrenta contra el Fiscal, ya que ella se fue dando un portazo de Palacio el día en que el Presidente lo ternó para Fiscal.

Y en los institutos hay dos nombramientos inquietantes de personas que o no se van a poder posesionar, o si se posesionan, de pronto se tienen que ir.

Me refiero al reemplazo de Cristina Plazas por Juan Carlos López, tesorero de campañas de Rafael Pardo, con un paso muy polémico por la presidencia de Millonarios. “Alguien” logró que López fuera designado por el Presidente en ese cargo apoyado por una evaluación de un ‘head hunter’ hecha para otro cargo. Cuando se descubrió, López prefirió renunciar, y el Presidente le agradeció el gesto, aunque insistió en que su elección se había dado “por meritocracia”, y les echó la culpa a los medios. Pero eso no es todo lo que molesta del caso. Es la sacada a la fuerza de Cristina Plazas. Cambiar a tan excelente y valiente funcionaria, para entregarle el Bienestar Familiar a Rafael Pardo, es francamente inconcebible.

El otro nombramiento que resulta bastante desconcertante es el de Carlos Correa, exalcalde de Montería, en Findeter. Según el Presidente, en su contra “salió una investigación que es normal en cualquier funcionario, pero las imputaciones de la fiscal fueron desatendidas por la jueza de garantías porque no hay base, eso dijo la jueza”. ¿Quién le dirá tantas mentiras al Presidente? Lo que la jueza rechazó fue ponerlo preso por ahora, pero no encontró ningún elemento que desestimara las acusaciones de la Fiscalía. Ojalá el doctor Correa logre demostrar su inocencia. Pero el Presidente perfectamente habría podido esperar que se cerrara el proceso, en lugar de correr el riesgo de que le toque otra vez, como en Bienestar, ponerse a buscar presidente de Findeter, cuando el Superintendente Financiero se sienta incómodo de posesionar en una entidad financiera a un funcionario que tenga un cuestionamiento por prevaricar. Y Correa tiene más: una imputación de la Fiscalía.

Entre tanto... Pescado a la sal en Lorenzo el Griego de Bogotá. La única forma de sobrevivir agosto...

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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