Gobierno bravucón

Gobierno bravucón

La ONU es supuestamente la encargada de vigilar la resiembra, pero no veo su plan de contradecir.

17 de septiembre 2017 , 01:55 a.m.

Ante el llamado de atención del Gobierno de EE. UU. a nuestro país por la explosión de cultivos de coca, el Gobierno colombiano contestó prácticamente como habrían contestado las Farc: que esos gringos imperialistas vayan a meterse en sus $%ˆ&* asuntos, que nosotros manejamos los nuestros.

Algo así les dijo el ministro de Defensa a los gringos. Que ellos se dedicaran más bien a hacer más esfuerzos de interdicción; que “EE. UU. tiene una frontera con México que podría cuidar mejor en materia de droga, no solo de inmigrantes”. Mejor dicho, que Trump se dedique a hacer su muro en la frontera con México y nos deje tranquilos. Y el candidato-negociador, Humberto de la Calle, remató así en el foro de Fenalco: “Es absolutamente inaceptable y fuera de lugar la posición de señor Trump”. Cosas del síndrome de Estocolmo. Porque si no queremos que los gringos nos pidan cuentas, pues no les recibamos los 391 millones de dólares que vienen en camino para el posconflicto. Pero si se los vamos a recibir, tendremos que soportar sus sermones.

Y lo más triste es que el Gobierno parece estar más mortificado por el regaño de EE. UU. que por el peligro que entraña ser el mayor productor de coca del mundo para la inseguridad de los colombianos, para la vida de soldados y policías, para la corrupción, para la conservación ecológica.

Este gobierno no puede negar que el período de los tres últimos años de la negociación del acuerdo con las Farc coincide con la explosión de cultivos de coca. De manera consciente, el presidente Santos toleró “una reducción de operaciones de erradicación manual en áreas controladas por las Farc para disminuir el riesgo del conflicto armado”, como lo dice el exembajador Brownfield en su carta.

El propio Brownfield reconoce que las incautaciones de droga en el país serán récord en 2017. Pero se queja de que no van al mismo ritmo de la explosión de cultivos. Y expresa una gran desconfianza hacia la política experimental de erradicación de dos vías: la forzosa y la negociada y voluntaria.

Tendría que ser uno apátrida para desear que el presidente Santos no logre sacar este experimento adelante. Pero enfrenta unos puntos muy vulnerables.

Hay campesinos que no entienden que haya sitios donde está prohibido sembrar, y a donde mandan a erradicar a la fuerza, pero al ladito está permitido, al punto de que le pagan al dueño del cultivo para ayudarlo a que deje de hacerlo. En el Catatumbo, por ejemplo, hay unos campesinos en plan voluntario y otros, en forzoso. Caos total cuando entra la Fuerza Pública. Por lo cual tendremos que prepararnos para un abrumador paro agrario que se nos viene encima.

Tampoco está clara la efectividad de la erradicación forzada si la Policía Antinarcóticos tiene al 90 % de sus hombres peleando contra la mata de coca, y solo al 10 % rompiendo la cadena delictiva, incautando precursores, destruyendo laboratorios, persiguiendo el lavado de activos, penetrando bandas criminales.

El otro factor pesimista frente a la erradicación de cualquier tipo es que estadísticamente la resiembra en Colombia, según expertos independientes, es del 85 %. Según la ONU, del 45 %. Es supuestamente la encargada de vigilar la resiembra, pero no veo a su gente en plan de contradecir las cifras del ministro de Defensa –quien asegura haber cumplido en un 62 % la meta de erradicar a la fuerza 50.000 hectáreas– y mucho menos de entrar en disputas con las Farc, que por las circunstancias se han convertido en una especie de asesores comerciales para que la ONU venda sus proyectos en Colombia.

Y aunque Rafael Pardo diga que ya hay miles de familias vinculadas a los acuerdos de sustitución voluntaria, en su informe al Presidente reconoce que en los primeros nueve meses del año solo se han podido limpiar alrededor de 2.000 hectáreas, pero le apunta a acabar el año con 50.000.

El Gobierno responde con ínfulas bravuconas a Estados Unidos, pero eso no resuelve el problema de los colombianos. Antes que por los gringos, estamos muy nerviosos por nosotros mismos por las cifras que escuchamos, recordando otras épocas.

Entre tanto... Hipopótamo camina por las calles de Doradal. Por si necesitamos un recorderis del reinado de la coca.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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