De la Calle, en camisa de fuerza

De la Calle, en camisa de fuerza

¿De la Calle acordó o no en La Habana, que las Farc podían hacer política antes de pasar por la JEP?

22 de octubre 2017 , 01:51 a.m.

Si al Partido Liberal le da por candidatizar a Juan Fernando Cristo en lugar de a De la Calle, haría trizas sus posibilidades de reconquistar el poder.

Ojalá que De la Calle fuera uno de los finalistas, no necesariamente porque yo tenga pensado votar por él. (En otras épocas probablemente lo habría hecho, porque él sí sabe, a diferencia de muchos pollitos que andan por ahí aspirando a presidentes, qué es el Estado y cómo es eso de estar en la difícil tarea de servirle al país); sino porque con De la Calle, que es un caballero, tenemos garantías de que le daría nivel a esta contienda, en momentos en que varios de los interesados tratan de convertir el escenario político en un hediondo lupanar, como lo presenciamos la semana pasada en el Congreso.

Pero si lo logra, a De la Calle inevitablemente le tocará ejercer su papel de escribano de los acuerdos de paz, porque, en su implementación, esto se ha vuelto una pelea entre lo que efectivamente se pactó versus lo que se interpreta que se pactó.

La primera pregunta es la que surge de la inquietud de las víctimas del caso de los diputados del Valle; en una carta enviada la semana pasada, expresaron que no quieren que las Farc lleguen a cargos públicos sin haber respondido ante la JEP por los crímenes que se les imputan. ¿Él, De la Calle, acordó o no en La Habana que las Farc pudieran hacer política antes de la JEP?

Ha sido difícil sacarle una respuesta exacta porque estaba callado. Lo más preciso que le hemos oído fue lo que respondió esta semana en la W: “Pueden hacer política y en este momento no hay impedimento. Pero necesitamos que la jurisdicción asuma rápidamente esos casos”. Precisado nuevamente, patina: “Yo no he dicho que negocié que se fueran a ocupar esas curules. Lo que he señalado es que la demora de la JEP ha generado una situación de hecho. Pero, perfecto, yo asumo la responsabilidad de eso”.

“Eso” es bastante complejo. Solo un enajenado habría podido esperar que La JEP estuviera montada con sus 51 magistrados, su fiscalía y su CTI, su régimen sustancial y procedimental, sus 4 salas, la batería de sus asesores extranjeros ‘amicus curiae’ (incluyendo actuales defensores del Pueblo en Venezuela), y que hubiera culminado sus procesos antes de marzo del 2018, para que las Farc hubieran podido ir tranquilos a las elecciones.

De manera que sí estaba absolutamente previsto que las Farc hicieran “eso”: política sin haber pasado por la JEP. Echarle la culpa a la demora de su implementación es marrullero. Ignoro si las víctimas no conocían “eso”, o si dejaron pasar su momento de impedirlo.

Pero cuando el Ministro del Interior sale en auxilio de De la Calle en este punto, aceptando que es cierto que “eso” se pactó, añade que las víctimas pueden estar tranquilas, por que “la participación en política de las Farc no las va a sustraer de sus obligaciones de reparación”.

Esto también se vuelve relativo a la hora de mirar cómo acordó De la Calle el tema en La Habana. Porque allá se convino que ninguna sanción que imponga la JEP podrá restringir los derechos políticos de las Farc.

Eso es extremadamente delicado. Porque a alguien a quien condenen a reconstruir la iglesia de Bojayá o a desminar El Orejón no se le podrá impedir que vaya al Congreso para el cual ya ha sido elegido, y como nadie, a no ser que tenga el don de la ubicuidad, puede estar al tiempo en Bojayá, en El Orejón y en Bogotá, habrá que acomodarle su pena a su situación geográfica, para no coartarle su derecho político. Vuelven y aparecen las víctimas en segundo lugar. En todo caso, se habrá consumado el más grande aporte de Colombia al derecho público universal: la extraña fórmula del funcionario público que ejerce esperando una condena y luego ejerce ya condenado.

Al doctor De la Calle se le agradece que asuma la responsabilidad de esta figura, que él mismo reconoce, “produce indignación y es un tema extraordinariamente impopular” entre los colombianos. Pero eso le indica que así quiera abrirse a otros temas, su campaña presidencial estará signada por el acuerdo de paz.

Será a la vez su bandera, pero también su camisa de fuerza. Y no serán pocas las veces en que le reclamarán los fracasos del posconflicto. Es el inevitable costo de saltar de negociador a candidato.

Entre tanto… La captura de alias don Ti, en Tumaco, prende la alarma: las Farc no han roto los vínculos con el narcotráfico.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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