Colombia necesita un VAR

Colombia necesita un VAR

Mientras ellos deliberan, deciden y firman, en el país se van a estar cobrando muchos penaltis.

01 de julio 2018 , 12:18 a.m.

Una novedad de esta Copa Mundo ha sido el VAR (Sistema de Árbitros Asistentes de Video), del que graciosamente la gran Florence Thomas confesaba que, al principio, ¡creyó que era un bar a donde los árbitros podían irse a tomar una copa durante el partido!

No a todos el nuevo sistema los llena de felicidad. Alegan que mientras se consulta con el VAR, pierde agilidad el juego, o desaparecen el encanto de los madrazos y la magia del azar en las decisiones arbitrales. Pero muchos otros lo defienden por la certeza y legitimidad que aporta a las decisiones de juego. De hecho, gracias a él nos salvamos del supuesto penalti a favor de Senegal.

Por eso parece inevitable que por la situación institucional que se ha armado desde que el Congreso resolvió cambiar aspectos muy neurálgicos de la JEP, necesitamos que en el país exista un VAR para que dé la última palabra en los enfrentamientos institucionales que empiezan a ocurrir.

De un lado, no fue el Centro Democrático sino las mayorías del Congreso las que acogieron dos polémicas sugerencias de Paloma Valencia: la de restringir las pruebas que puede pedir la JEP en extradiciones y la de congelar la situación judicial de los militares que así lo quieran durante 18 meses, mientras se crea una nueva sala que los juzgue, ya no bajo la premisa de que tienen condicionada la libertad a la confesión, sino a la verdad.

Nuestro VAR debería ser la Corte Constitucional. Solo que si estuviera más consciente de ese papel, seguramente sus magistrados estarían actuando con más premura y objetividad. Porque mientras ellos deliberan, deciden y firman, en el país se van a estar cobrando muchos penaltis.

Uno, el que el Gobierno quiere cobrar contra el Congreso. El Presidente y sus ministros ya salieron a declarar que ambos artículos de la JEP son inconstitucionales y los van a demandar ante la Corte.

Dos, el del ministro de Defensa contra los militares que estén pensando en acogerse al nuevo camino que ofrecería la JEP. Malintencionadamente les ha advertido a los militares que se queden esperando las “inciertas reformas que puedan darse en los próximos 18 meses”, que “continuarán siendo investigados y, si fuere el caso, imputados por la fiscalía y juzgados por la justicia ordinaria, sin posibilidad de acceder a los beneficios de la justicia transicional”. Ministro, la justicia ordinaria perdió competencia en materia de actos u omisiones relacionados con el conflicto. De hecho, la JEP no puede investigarlos si ellos no quieren acogerse, y la Fiscalía tampoco porque ya perdió la competencia por el acto legislativo 01 de 2017. Pero también le queda muy mal al ministro de Defensa estar ordenándole a su cúpula, subalterna suya, que firme con él cartas enviadas al Congreso opinando acerca de los cambios de la JEP. La está incitando a la deliberación política. Y, a su vez, se presta para que si los generales son criticados por ello, puedan salir a decir, como de hecho lo hicieron, que desde el Congreso los están amenazando con un penalti.

Otro penalti que se podría cobrar en algunos días es el de la JEP contra el Congreso. Aquella perfectamente podría optar por ejercer la excepción de inconstitucionalidad para inaplicar una norma vigente, como las dos nuevas, por considerarlas flagrantemente contrarias a la Constitución. ¿Podríamos imaginar por un instante la guerra de guerras si la JEP se atreve –y es capaz– de desafiar de tal manera una decisión mayoritaria del Congreso?

Entre tanto, nuestro VAR, la Corte Constitucional, que no examina videos sino documentos, se toma su tiempo, y el partido se para. Está muy presionada por el Gobierno. La decisión sobre el caso Santrich la dieron con cuentagotas, y mientras que la semana pasada decían que la JEP no podía decretar pruebas, hay el rumor de que la semana entrante dirán que sí. Y que se anticiparán a ordenar que se respete la integralidad de la JEP, en espera de la demanda contra la nueva sala para los militares, que entra en arenas movedizas.

Si el VAR de Colombia no actúa con objetividad y autonomía, muchos penaltis quedarán mal cobrados, mientras todos los colombianos, como la gran mancha amarilla de las gradas de los estadios rusos, miramos impotentes.

Entre tanto... Y todo eso, para no hablar de las ideas que dicen que corren por la mente de algunos magistrados de la Corte Suprema...

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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