Construir lenguaje de paz

Construir lenguaje de paz

La paz puede empezar en un papel, pero no se construye en el papel, ni tampoco entre unos pocos.

14 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Hace poco, un usuario de Twitter trinó amenazando con poner una bomba al que se opusiera a la ‘paz’ en Colombia.

Y si observamos nuestras redes sociales y comentarios en los periódicos, los adjetivos calificativos abundan: ‘guerrillo’, ‘paraco’ o ‘narco’, incluso dirigidos contra aquellos que jamás han portado un arma o tenido frente a frente un gramo o un kilo de cocaína.

Nuestra vida tendrá un final ineludible. Violencia, alcohol, drogas, hambre, accidentes aéreos o vehiculares, enfermedades terminales y demás.

Buscamos culpables y en un lodazal de palabras nos atacamos y señalamos, imaginando futuros turbios y oscuros, y así, nuestro lenguaje se convierte en una maquinita de guerra. Necesitamos coherencia entre lo que decimos y hacemos. Si en realidad defendemos la paz, demostrémoslo. La paz se construye en un primer momento en el pensamiento de un individuo, como fue el caso de Viktor Frankl.

Viktor Frankl (judío, austríaco, neurólogo y siquiatra que estuvo en el campo de concentración de Auschwitz y sobreviviente del holocausto) escribió ‘El hombre en busca de sentido’, donde habla de la sicología de los prisioneros y afirma que la salvación del hombre se logra a través del amor. Él no habla de la paz directamente, pero es algo que se puede concluir al leer los escritos de un hombre que vivió la guerra.

¿Cómo se aisló Viktor de lo que vivía, sin ignorarlo, y pensar más allá de la crueldad? En el horror de los campos de concentración y de exterminio dentro de otro horror como la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué vivencias en su niñez lo fortalecieron –porque esa fortaleza se construye en la niñez– para no rendirse en la tragedia, en medio del hambre, la desnutrición, el frío, el abuso físico y verbal, la pérdida de la libertad, en la alta probabilidad de ser asesinado y el genocidio? Ese ver que los de tu misma cultura, religión y raza iban desapareciendo día a día sin nada qué hacer.

¿Regresó la violencia a Colombia? ¿Hemos estado en paz? ¿Surgió en seis meses o menos?

Viktor pensó en lo que haría cuando saliera, cuando la guerra terminara, cuando fueran liberados o pudieran escapar. En medio de la inminencia de la muerte siguió conectado, aunque nadie lo esperara a su regreso, con el débil hilo de la vida.
Dice Frankl que “cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, el desafío es cambiarnos a nosotros mismos.”

Para no ir muy lejos, ¿regresó la violencia a Colombia? ¿Hemos estado en paz? ¿Surgió en seis meses o menos? Se advirtió que la paz tardaría unos 20 años en construirse, ¿se logró en dos? ¿Y ahora desaparece?

Dedos acusadores se lanzan a decir que muchos no querían la paz. ¿Es verdad?
La paz puede empezar en un papel, pero no se construye en el papel ni tampoco entre unos pocos. Mi abuela decía que “para pelear siempre se necesitan dos”.

En este momento, algunos o muchos jóvenes tienen un pedacito de la historia y por eso atacan sin piedad con débiles argumentos o sin ellos, en redes sociales y periódicos. ¿Saben lo que significa ‘un juez sin rostro’?, o ¿una ‘pesca milagrosa’?

Como ingrediente para esa paz se ha dicho ‘perdón y olvido’. Pero si olvidamos es muy posible que repitamos una historia tenebrosa en la que las víctimas, además de los pobres y campesinos en áreas rurales o en pueblos, también han sido personas de clase media y alta en las ciudades.

Podemos perdonar sin olvidar. Si olvidamos ¿qué vamos a perdonar? La paz, para que sea auténtica, no puede construirse sobre la mentira, negando la realidad no solo de los actores armados sino de los que nunca lo hemos estado. El recuerdo es importantísimo en esa construcción de paz en una sociedad.

El currículo alemán hoy en día tiene como materia obligatoria el estudio del holocausto y la era nazi. Los estudiantes visitan campos de concentración y museos de memoria para que esa atrocidad no se repita. ¿Suficiente?

Una joven alemana en el canal DW, al observar una fotografía de la guerra en un museo, exclamó: “¡Estaban locos!”, y la amiga que tenía al lado le dijo: “No, el problema era que no lo estaban”.

En Estados Unidos también se estudia el holocausto, se visitan museos en memoria de todos los que murieron y se hacen proyectos en los que los estudiantes expresan sus perspectivas y sentimientos frente a la guerra, analizan causas y responden preguntas como ¿qué habríamos podido hacer para evitarlo? ¿Qué haremos para que no se repita?

“El perdón es un regalo inmerecido, igual que el verdadero amor”, escribe Carlos Cuauhtémoc Sánchez en uno de sus libros. Hablamos de paz y nuestro lenguaje debe ser coherente.

¿Es posible un lenguaje de la paz? Uno que vamos puliendo, donde respetamos al otro. ¿Es posible seguir construyendo la paz a partir de nuestro lenguaje como colombianos, un lenguaje con intencionalidad de paz?

MARÍA ISABEL GÓMEZ

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