Pornofilosofía

Pornofilosofía

Los mensajes optimistas tienden a ser cursis cuando la intención es complacer con lugares comunes que terminan vaciándose.

01 de febrero 2017 , 04:46 p.m.

Hace quince días publiqué una columna que titulé ‘Mi muerte’. Por ahí leyendo comentarios en Twitter, vi uno proveniente de una cuenta anónima que dijo esto: “¿Es una columna de autoayuda? ¿Es una prédica de iglesia de garaje? ¿Es filosofía de la Panamericana?”. Me gustó porque dio en el clavo del repelús que yo también he sentido muchas veces cuando me encuentro con esas formas gastadas de las que se vale ese tipo de filosofía comercial, algo así como una empanada de pensamiento fácil que se entiende y deja contento y esperanzado a toda clase de público, es decir, a ese público ocupado en sobrevivir que no tiene tiempo para angustiarse por cosas inútiles. Resulta que mientras la redactaba, se me fue oscureciendo demasiado el cuento con eso de que la vida me parecía una traición y un negocio fallido, y le dije a Margarita Rosa –el personaje que he montado para andar por la calle y del que más me gusta rajar– ‘acuérdese de que usted se levanta contenta a pesar de todo esto; si la leen, dará la falsa impresión de que se quiere suicidar’. En ese momento bajé la guardia y me poseyeron los espíritus de Paulo Coelho y Ricardo Arjona al mismo tiempo, y ahí fue cuando me mandé con lo lindo que piensa el moribundo en sus últimos estertores.

Me puse a escarbar en la cuenta que envió el trino. La persona que la maneja es amante de la buena literatura y recomienda autores de todas partes del mundo, muchos de ellos colombianos; también, artículos exquisitamente escritos, como el de Pablo Montoya sobre García Márquez en la revista Literariedad, y un sofisticado y todavía más hermoso discurso del mismo escritor en la entrega del premio José Donoso. Sin duda, el remitente tiene buen gusto, razón de más para ponerle atención.

En cuanto a mi episodio agudo de Nueva Era, no estoy muy segura de que no vuelva a ocurrir, porque sí es cierto eso de que me la paso mejor hoy, aunque siga pensando que la vida no tiene sentido.

Los mensajes optimistas tienden a ser cursis cuando la intención es complacer con lugares comunes que terminan vaciándose; hay que ser un virtuoso de la palabra y del pensamiento para no dejarse tentar por frases ojerosas y exhaustas de inflamar almas, como “sé la mejor versión de ti mismo”. Igual que la pornografía, frecuentan tanto su objeto de deseo que se agotan por el trajín de la demanda y se vulgarizan por reiteración y por exceso.


Margarita Rosa de Francisco

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