Pepe Sánchez

Pepe Sánchez

Mi profesión está marcada con hierro por su presencia, pero sobre todo la historia de la televisión en este país.

04 de enero 2017 , 05:22 p.m.

Desde su brillante aparición en la comedia 'Yo y tú' lo admiré, pero fue cuando protagonizó 'La tregua' en 1980, que algo muy suyo me llegó más hondo, una informalidad inusual en el estilo actoral de ese entonces. Fue la primera vez que vi lo lejos que llegaba la sutileza de una interpretación en una teleserie colombiana.

Era innovador lo que hacía con su personaje en aquel drama de Mario Benedetti. El tono natural y la ausencia de afectación teatral eran orgánicos, no se percibía esa crispación del actor vanidoso por el afán de fajarse una gran escena. En sus maneras se manifestaba una sabiduría, una calma, un tipo de sensualidad que no responde a ninguna técnica ni a virtuosismos, sino a una cualidad congénita de la persona, que la hace fluir con gusto a través de los diálogos; vi a un actor moderado que sabía callarse en escena sin remordimientos. Esto fue una revelación para mí como televidente, por esas épocas ni soñaba con ser actriz profesional.

Sus obras siempre tenían un aire nuevo y refrescante. Las series que escribió y dirigió no escapaban de ese equilibrio adorable del que gozaban sus actuaciones. Otra vez se sentía el latido de ese corazón maestro y sabio, que lograba con gran gentileza una narración sencilla y directa a nivel visual, sin malabarismos pero con evidentes trazos de cinematografía clásica; cada plano que él intervenía estaba marcado por ese ritmo pausado y veterano de los grandes expertos en hacer brillar en coro los talentos de los demás. Ni hablar de su capacidad única para captar los puntos agudos de la vida cotidiana, con frecuencia ignorados por la monotonía, que solo un creador sensibilizado por los complejos asuntos humanos es capaz de transformar en obras de arte. Con esa misma elegancia manejaba un sentido del humor de tan alta calidad que aun tocando contenidos de rasero muy popular, conseguía el difícil balance que pierden con estrépito la vulgaridad y la ramplonería.

Todo esto opinaba de Pepe Sánchez antes de darle el primer abrazo cuando lo conocí personalmente en 'Café con aroma de mujer'. El honor de ser dirigida por él fue muy grande; también, el júbilo que venía con cada día de trabajo junto a tan bello ser humano. Mi profesión está marcada con hierro por su presencia, pero sobre todo la historia de la televisión en este país. Pepe, cuánto te extrañaremos, ¡gracias por todo lo que nos diste!


Margarita Rosa de Francisco

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