La foto

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Es curioso que enseñar una parte del cuerpo en especial genere tanta conmoción.

02 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Muy diversas lecturas tuvo la foto que publiqué en Twitter, supuestamente apoyando la acción de protesta del maestro Antanas el día de la instalación del Congreso. Para los puristas, frivolicé su intención, al posar con el propósito de no tanto secundar su molestia, sino producir una impresión estética bajo una motivación evidentemente narcisista, sustentada además con un texto muy poco elegante que lo confirma. 

Decían ellos, medio en serio, medio en broma, que los elementos de toda la composición debieron ser los mismos utilizados por el valiente o temerario senador Mockus, pues en lo grotesco radica el punto del mensaje, que pretendió enrostrar cuán improcedente es que un grupo de respetables congresistas no sean capaces de guardar silencio ni de escucharse entre sí. Me pregunto cómo hubiera sido el impacto de imitarlo si no más con una opción bastante menos agresiva, mis entrañables indignados tuvieron hilo para rato.

No sirvo para defender nada de lo que hago, por eso en las discusiones me va mal, siempre creo que el otro ve lo que yo no he querido ver o entiende mejor. Así, termino poniéndome de parte hasta de quienes opinan que soy una vieja decadente, no por estrategia, sino por una falta absoluta de convicciones. La verdad, detrás de la famosa foto no hubo ninguna ideología, de ahí la ambigüedad y el efecto confuso de ese símbolo en particular, pues el de Mockus, afortunado o no, tiene una sola y clara interpretación. En mi caso, fue una travesura (muy tibia) que consideré inofensiva aprovechando el tema de lo inapropiado y que cometí por la pura curiosidad de observar las reacciones de la gente que se toma en serio y también las de tantos ingeniosos que frecuentan esa red.

No sirvo para defender nada de lo que hago, por eso en las discusiones me va mal, siempre creo que el otro ve lo que yo no he querido ver o entiende mejor

Acepto que pudo haber sido por un ataque de exhibicionismo, superficialidad y patetismo, por qué no, ya he caído otras veces en la tontería. ¿No fue también una tontería convertir eso en noticia? ¿Qué determina lo escandaloso? Es curioso, por no decir fascinante, que enseñar una parte del cuerpo en especial genere tanta conmoción dependiendo de quién lo haga, si es hombre, si es mujer, dónde, por qué, para qué, cómo. El drama del cuerpo humano es material infinito para un experto en semiótica.

Asumidas, por mi parte, las consecuencias de semejante descache, espero no haberles causado un daño físico, moral o sicológico irreparable a los que no soportaron mi experimento.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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