La derecha y la izquierda

La derecha y la izquierda

Resulta revelador jugar con las metáforas que forjamos alrededor de dos palabras tan politizadas.

12 de abril 2018 , 02:35 p.m.

Quiero hacer el ejercicio, inútil tal vez, de convertir ese par de conceptos en texturas, sensaciones o imágenes que pueden o no coincidir con su consideración estrictamente política.

Yo asocio la derecha con una superficie lisa, con el metal, con lo frío. La sola palabra ‘derecho’, por etimología, conduce a la rectitud, es lo correcto, lo que no se tuerce, lo que se mantiene rígido. También evoca en mí los absolutos, los himnos, los ejércitos, los uniformes, las marchas, la música funcional, es decir, sin notas azules ni disonantes. La derecha me arroja un formato, una cuadrícula. Me hace imaginar una mujer recatada, una madre perfecta; la derecha se abotona la blusa hasta el cuello, se mantiene limpia y muy bien peinada.

La derecha es una casa con piso de mármol, pulcra, donde vive una familia en la que los padres “forman” a sus hijos de la “mejor” manera; la derecha son los principios morales, lo “bueno”, lo que debe ser. Es la disciplina, los horarios fijos, es la orden, el orden, lo ordenado por colores, por tamaños, por clases. La derecha es la certeza, lo perfecto, la religión, el dogma. Es lo seguro, lo controlado. La derecha es la banca, la propiedad privada, el dinero.

La derecha es una casa con piso de mármol, pulcra. La izquierda es una casa donde vive una familia muy grande, es discusión, asamblea, desorden, pasión.

La izquierda, la siniestra, vocablo que también se refiere a lo aciago, lo avieso. Su superficie es ondulada, su material es moldeable, es caliente, más líquido. Me sugiere el fuego, un círculo; la izquierda es redonda. Yo la asocio con lo no convencional, lo alternativo, lo curvo. También, con lo creativo, con lo artístico, con lo inusual. La izquierda es una música diversa, impredecible, multicultural. También puede ser una mujer bohemia, andrógina o lesbiana, una transexual, una joven rebelde, contestataria, revolucionaria, incendiaria, que se viste “raro”. La izquierda es una casa donde vive una familia muy grande, es discusión, asamblea, desorden, pasión; la izquierda es emocional, es una madre despeinada y doliente; es el agro, la pobreza, la protesta, la revolución, el ateísmo, la literatura, la filosofía. La izquierda es la comuna y la palabra ‘pueblo’, el cuestionamiento, la duda.

Estas asociaciones libres son las mías; por lo tanto, son arbitrarias, producto del capricho y, por qué no, de mi ignorancia. Sin embargo, resulta revelador jugar con las metáforas que forjamos alrededor de dos palabras tan politizadas. Prejuicios, nada más que eso.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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