En la historia reciente de Colombia hay una constante que se repite cada vez que la justicia trata de ponerle cara a una verdad que poco les gusta a los generales: la de que hay miembros de la Fuerza Pública que consiguen hacer una carrera militar intachable, a pesar de que tienen sobre sí serios cuestionamientos.
Desde la desastrosa retoma del Palacio de Justicia, pasando por magnicidios como el de Luis Carlos Galán o el de Álvaro Gómez, hasta el día de hoy el país no sabe cuáles son los militares que permitieron la infliltración del narcotráfico, ni cuáles los que trabajaron codo a codo con los paramilitares, ni cuáles participaron en los magnicidios.
Hay muchos militares cuestionados que han llegado más rápido a la cresta de la ola que otros oficiales que no se han salido del libreto. Tomemos el caso del general Arias Cabrales, que a la sazón era el comandante de la Brigada del Ejército y quien dirigió la desastrosa retoma del Palacio de Justicia. A pesar de que la Procuraduría de Gómez Méndez ordenó destituirlo, alcanzó a ser comandante del Ejército y rector de la Universidad Militar. Otro tanto sucedió con el coronel Plazas, quien de teniente coronel pasó a coronel. Cuando se retiró, para sorpresa de muchos, entró de lleno en la política al lado de Germán Vargas Lleras. Fue parte de la lista al Senado de Cambio Radical y en este gobierno fue nombrado director de la Dirección de Estupefacientes. Para entonces, los pocos colombianos que se acordaban de que él era el responsable del operativo en que resultaron desaparecidas personas que habrían salido vivas del Palacio eran tratados de aguafiestas. El día en que la Fiscalía allanó su apartamento y encontró que el coronel había dormido al lado de la prueba que lo incriminaba -tenía en su mesa de noche las cintas en donde se veía que salían vivos los desaparecidos que él había negado-, su estrella comenzó a apagarse. Pero relució sin problemas casi 20 años.
Es probable que al país le vaya a tomar más tiempo saber los nombres de los oficiales que se aliaron con los 'paras' y el narcotráfico. Hasta el momento, a pesar de que en todas las versiones libres los jefes de las Auc afirman que sus operaciones se hacían al lado del Ejército, el único militar implicado, el general Manosalva, está muerto. Nombres como el del general Montoya, cuestionado por sus presuntos nexos con los 'paras' en los medios norteamericanos, sigue en su cargo y los oficiales retirados sobre los que recaen serios cuestionamientos no han tenido mayor tropiezo social. Ahí está el caso del general Rito Alejo del Río, a quien no solo el fiscal Osorio le precluyó una investigación, sino a quien se le ofreció un homenaje de desagravio al cual asistió como gran oferente el entonces candidato presidencial Álvaro Uribe. Desde entonces anda metido de lleno en la política, como todo un prócer.
Tampoco hay ningún militar condenado por narcotráfico, a pesar de que existen evidencias de que 'don Diego' habría montado desde hace un tiempo un grupo élite parecido a 'los Zetas' en México, integrado por militares activos y retirados para defender sus intereses y protegerlo, infiltración que ha sido denunciada hasta por el propio ministro Santos. Y aunque hay cada vez más evidencias que cuestionan a oficiales como el coronel Carvajal, jefe del batallón de alta montaña que habría estado al mando de la operación que masacró de manera inexplicable al grupo élite antinarcóticos de la Policía, en Jamundí, generales retirados, como Álvaro Valencia Tovar desde su columna, hacen una defensa acérrima de esa operación y, por ende, de la integridad del coronel Carvajal... a quien, dicho sea de paso, el jefe 'para' 'H. H.', en entrevista con Semana, lo reconoce como el contacto de las Auc en Urabá.
Gunter Grass, en su polémica autobiografía Pelando la cebolla, admite que si hay alguna explicación para que hubiera formado parte de la juventud de las S. S. y hubiera portado su uniforme, fue simplemente porque dejó de hacer las preguntas pertinentes por físico miedo. Ojalá eso no nos pase con las manzanas podridas dentro del Ejército. Ese es el único antídoto para que dejen de ser intocables.