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¿DÓNDE ESTÁ LO EDUCATIVO?

'Sin tetas no hay paraíso' no está hecha para reflexionar, sino para atrapar audiencia, ganar rating

María Jimena Duzán. Columnista de EL TIEMPO.

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La novela de Gustavo Bolívar hace una apología burda y ramplona de la cultura traqueta. El supuesto debate que ha generado es tan falso como las tetas de sus protagonistas.

Tetas y paraíso = 'rating'

He seguido con gran atención el debate que ha suscitado la nueva serie de Caracol, Sin tetas no hay paraíso, inspirada en un libro escrito por Gustavo Bolívar, un periodista que dice haber investigado durante mucho tiempo el fenómeno de las niñas que se entregan al narcotráfico a cambio de plata. Y aunque no he leído el libro -tengo el pálpito de que no me he perdido de ninguna obra maestra-, me basta con haber visto algunos capítulos de la serie para llegar a la conclusión de que se trata de un debate tan falso como las tetas de las protagonistas que aparecen en la telenovela.

Comenzando por la manera osada como el autor del libro ha querido presentar esta serie, diciendo que se trata de una telenovela eminentemente "educativa", que tiene que ser vista por todas las niñas del país. Si la ven, nos ha asegurado el autor a través de los medios, las niñas de Colombia van a ser conscientes de los peligros que corren si optan por el camino del dinero fácil; si la ven -insiste Bolívar-, las niñas van a entender que ese paraíso puede en realidad ser un infierno.

Pues bien. Después de ojear unos capítulos de la serie, uno sí empieza a preguntarse qué es lo que Gustavo Bolívar entiende por "educativo". ¿Acaso es formativo saber el tamaño de las tetas que les gustan a los traquetos? ¿O tal vez, educativo es ver cómo las niñas se "putean" por plata sin que ninguna de ellas se arrepienta? ¿Será un acierto pedagógico una serie de buena factura, es cierto, que hace una apología burda y ramplona de la cultura traqueta?

En realidad, la serie de Caracol, más que mala, es tremendamente mediocre. A pesar de que aborda una temática social preocupante, lo hace con liviandad y con ligereza. En lugar de mostrar la complejidad de una sociedad, la reduce a estereotipos tan simples como irreales. Toda una vida los colombianos sufriendo la estigmatización que el mundo ha hecho de manera injusta en contra nuestra por cuenta del narcotráfico para terminar haciendo lo mismo en casa. Deplorable. La mayoría de las mujeres de la serie son prostitutas y manipuladoras. Las que no lo son, son provocadoras y capaces hasta de meterse con el novio de la hija. La mayoría de los hombres de la serie son traquetos y los que no, a uno le queda la idea de que no les falta mucho para llegar a serlo.

Todo lo contrario sucede en las películas de Víctor Gaviria, nuestro polémico director de cine paisa, reconocido internacionalmente por la forma cruda con que aborda temas como el narcotráfico y su impacto en toda la escala social. Sus películas están hechas con arte, con poesía y con la intención de profundizar en la condición humana, virtudes que no se le ven por ningún lado a la serie de Gustavo Bolívar. Tampoco sus diálogos son ingeniosos ni sus personajes son diversos, como sucede en las telenovelas de Fernando Gaitán, hábil constructor de historias de la vida diaria. En Sin tetas no hay paraíso, los diálogos son planos, concebidos sin mayor astucia.

Es una lástima que habiendo textos de gran calidad literaria que ilustran mucho mejor la realidad de las mujeres que viven en la periferia de los barrios desplazados de Colombia -como Rencor, el último libro de Óscar Collazos, en el que se cuenta la vida trágica de una niña que vive en el Nelson Mandela-, los canales privados lleven a la pantalla historias tan mediocres.

Dejémonos de falsos debates y llamemos las cosas por su nombre. Esta telenovela no está hecha para reflexionar sobre la realidad social, ni para crear debates sobre la estética de la mujer, ni para que las jóvenes sean conscientes de los riesgos insondables que supone la sumisión a la cultura traqueta tan en boga hoy en el país. Está hecha simplemente para atrapar audiencias, como de hecho lo está haciendo.

Si a las tetas de Bolívar se les suma el Paraíso traqueto que promete en su zaga televisiva, el resultado de esta sumatoria se llama rating. Lo demás es puro cuento.

María Jimena Duzán

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