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Una fiesta por la vida

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Durante 30 horas de vigilia, el presidente chileno, Sebastián Piñera, estuvo rescatando a sus mineros, uno por uno, ante la mirada pasmada del mundo.

¡Cómo olerían de maluco los rescatados, llenos de hongos, de bacterias bucales, de desarreglos físicos! Y, sin embargo, todos fundidos en un estupendo abrazo de solidaridad por la vida.

Algo arriesgado cuando eso sucede frente a las cámaras de televisión, y la verdadera intención son unos gestos populistas que buscan alimentar la imagen del hombre público. Pero eso no pasó con Piñera. Con gran instinto empresarial y gerencial, supo inmediatamente dónde buscar la ayuda y cómo poner todo el engranaje estatal en movimiento. Y por ser tan latino el escenario, en medio de gritos, de relajo, de emotividad, confieso que todo el tiempo esperé que algo saliera mal. O que se varara la cápsula, o que se reventara la polea, o que uno de los mineros se infartara en el momento de su reencuentro con la vida. O, incluso, que el minero a quien esperaban esposa y amante se negara rotundamente a abordar la cápsula Fénix. Pero todo funcionó con la precisión de reloj, no chileno sino suizo.

El humor bogotano puso rápidamente a circular por Twitter su versión sobre el rescate. Decía que si hubiera ocurrido en Colombia, aquí estaríamos saludándonos ¡"quiubo, mi nero!". Que el 'profe' Vélez estaría explicando en su tablero el orden de alineación de los mineros para el rescate. Que inundarían la televisión las cuñas de Víctor Mallarino desde el fondo de la mina explicando que la señal de Tigo entra a todas partes. Que habría comerciales de RCN y Caracol diciendo: envía MINERO al 6622 y gánate un millón de pesos. Que ya se estaría anunciando la nueva novela de RCN, Amor minero, protagonizada por Marbelle. Que la socorrista rubia que acompañaba a los familiares de los mineros habría sido la presentadora Andrea Serna, de casco y escote. Que se estarían vendiendo en los semáforos réplicas de la "catsula Fenis". Que el DAS se habría hecho presente con un tubo para chuzar las conversaciones de los mineros, a ver si alguno estaba hablando mal de Uribe. Y que a la salida de cada minero del socavón habría estado Jorge Barón recibiéndolos con su patadita de la buena suerte y su agüita para mi gente.

Ah. Y no habría faltado el estudio estadístico que indicara, con su correspondiente ficha técnica, que de cada 33 mineros, 1 es infiel.

¿Se imaginan acaso una mina colombiana con una "suite de desastres" como la que sirvió de refugio a los mineros chilenos al momento del derrumbe, donde tenían latas de comida, agua y oxígeno para mantenerse vivos mientras lograban comunicarse con el mundo exterior? Para el equivalente del minero colombiano, la alternativa habría sido la muerte instantánea o, si cabe peor suerte, la lenta muerte del sepultado vivo.

Al día siguiente de lo de Chile perdíamos a dos mineros en Tasco (Boyacá). El 17 de junio de este año marcamos 54 cruces en una mina de San Fernando, de Amagá. Otras 6 en octubre en otra mina de Sardinata (Norte de Santander). Aquí, la responsabilidad de garantizarles a nuestros mineros condiciones mínimas de supervivencia se la pelotean entre las autoridades municipales, Ingeominas y el Ministerio de la Protección Social.

Después de haber presenciado este magnífico capítulo de la historia chilena, esta fiesta por la vida, nos da envidia del gobierno de Piñera. Y del Estado chileno. Y de Chile. Y de los chilenos. Ya ni siquiera nos importa que hablen como desde por allá arriba, "gvon". Como los pueblos, los chilenos demostraron que se merecen el Presidente que tienen.

¡SE ME OLVIDA! Bogotano: si hasta EL TIEMPO abandonó la batalla contra el tuteo, tú y yo estamos derrotados.

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