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Gracias, Iván Márquez

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María Isabel Rueda

Hay algo por lo cual a Iván Márquez hay que darle las gracias. Sus palabras produjeron un necesario desencantamiento de la opinión frente a ese lugar común que se ha vuelto "hacer la paz".

Iván Márquez nos informa desde Oslo que la guerrilla "tiene un derecho universal para resistir a los regímenes oprobiosos". Según él, la desmovilización de la guerrilla indica "pasividad, entrega cobarde, indignidad. Porque no solo envía al pueblo un mensaje de desesperanza, sino que implica un acto de traición a la patria". Y esas declaraciones, según algunos analistas, son apenas naturales viniendo de quien vienen.

A mí no me parece. Le hacen un gran daño a la legitimidad del Presidente de la República para embarcarnos en esta aventura, porque muchos colombianos, muertos de la rabia, ya se están preguntando si estamos ante un proceso igual a todos los anteriores, en los que se vino a demostrar que las Farc querían era un baño de popularidad internacional. Porque, si es así, este proceso no nos conviene.

Las palabras de Márquez nos dejan una profunda preocupación. ¿Serán la oficialización de que, en las negociaciones de paz que continuarán en noviembre en La Habana, habrá dos agendas? ¿Una, la inicialmente pactada y firmada alrededor de cinco puntos concretos, y la otra, la que el sector más radical de las Farc, en cabeza de Márquez, intentará imponer en la mesa a partir de una visión expansiva de la negociación, según ellos implícita en el preámbulo del acuerdo inicial firmado por el Gobierno?

La segunda agenda incluye puntos que el presidente Santos, estoy segura, jamás pretendió que quedaran incluidos en la primera. Como cambios de fondo en el modelo económico del país, modificaciones de la doctrina militar y profundas alteraciones de la agenda pública.

"La paz no significa el silencio de los fusiles, sino el cambio de la estructura del Estado", dice Márquez. "Hay que desenmascarar al asesino metafísico que es el mercado." Y a renglón seguido nos deja claro que, para él, el "case" de esta negociación con el Estado es que el Gobierno desmonte sus locomotoras minera y agraria.

Por fortuna, el jefe de los negociadores colombianos, Humberto de la Calle, salió inmediatamente a aclarar que el modelo económico del país no está en discusión. Que para eso hay que firmar la paz y luego ganar las elecciones.

Pero como Márquez le estaba midiendo el aceite al Gobierno, también fue muy importante que De la Calle rechazara inmediatamente el gesto muy propio de las Farc de nombrar gente en forma particular a manera de "boleteo", para que las personas mencionadas con nombre propio entiendan que están bajo su radar. "El hampa financiera se está apoderando de la Orinoquia", dijo, mientras Santrich, atrincherado tras sus gafas negras, evocaba mariscales, vuelos de garzas y de alcaravanes. Todo eso al expresidente Ernesto Samper, por ejemplo, le pareció muy natural, "viniendo de gente que lleva 50 años en el monte".

Tampoco quedaron por fuera de sus amenazas los medios de comunicación. "La gran prensa ha sido un juez inicuo frente al conflicto. Y no hay nada más parecido a un juez inicuo que un verdugo." En otras palabras, los periodistas también estamos bajo su radar, por culpa del mismo monte.

Pero hay algo por lo cual a Iván Márquez hay que darle las gracias. Sus palabras produjeron un necesario desencantamiento de la opinión frente a ese lugar común que se ha vuelto "hacer la paz". Este proceso será duro, será largo y tenderá a desbordar la agenda inicialmente prevista, y para eso la opinión necesita estar menos enamorada del concepto de la paz y mucho más realista sobre los grandes sacrificios de una negociación política que se volvió necesaria y que tarde o temprano se iba a volver a ensayar.

Sabemos que vamos a tenernos que tragar unos sapos. Pero si las Farc realmente quieren este proceso, deberían evitar que esos sapos sean tan, pero tan grandes que de pronto va y no nos caben entre la boca.

HABÍA UNA VEZ... Bernardo Hoyos era un colombiano exquisito. Fue un privilegio haberlo conocido.

María Isabel Rueda

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