Ecosistemas en peligro

Ecosistemas en peligro

Se está destruyendo el cacareado país de la biodiversidad y de la magia salvaje.

12 de noviembre 2017 , 02:31 a.m.

La transformación de cerca de un millón quinientas mil hectáreas de ecosistemas naturales en los dos últimos años es alarmante, inaceptable y dolorosa. Se está destruyendo el cacareado país de la biodiversidad y de la magia salvaje, según lo revela el mapa de los ecosistemas de Colombia 2017 entregado por el Ideam.

Este mapa utiliza las categorías y el lenguaje científico de los ecosistemas para, entre otras intenciones, señalar qué es lo que estamos perdiendo, qué es lo que aún conservamos y qué es lo que estamos recuperando, como quedó claro en la excelente presentación que hiciera Omar Franco, director del Ideam, el martes pasado.

Se analizan noventa y un tipos de ecosistemas generales, siete marinos, veintisiete acuáticos (área continental e insular), quince costeros y cuarenta y dos terrestres continentales e insulares. Y al afinar estas categorías generales se registran más de ocho mil ecosistemas, lo cual simplemente ratifica que vivimos en el segundo país más rico en biodiversidad del mundo y en uno de los más ricos en agua.

Al lado de las malas noticias, los parques nacionales, los resguardos indígenas y las propiedades colectivas de las comunidades negras salen bien librados. Los ecosistemas de los primeros registran, en balance, un buen estado de conservación en un 96 por ciento de su área mientras que los segundos, un 95 por ciento. Esto indica la necesidad de fortalecer esta estrategia de protección de la diversidad biológica y cultural, como lo está haciendo el gobierno del presidente Juan Manuel Santos en el caso de los parques nacionales.

La información entregada sintetiza y armoniza diversas investigaciones adelantadas por el Ideam y los otros institutos del Sistema Nacional de Información Ambiental de Colombia (Siac) –Humboldt, Sinchi, Instituto de Investigaciones del Pacífico, Invemar– y del Igac. El Siac, creado en 1993 como parte del Ministerio de Ambiente y del cual el Ideam es el punto focal, demuestra de nuevo su gran valor y eficacia.

No dejó de llamar la atención el hecho de que en la presentación del mapa no estuviesen presentes ni las CAR ni otras entidades claves del orden nacional y regional para quienes necesariamente es un instrumento de vital importancia para la toma de decisiones y la acción. Y preocupa que, no obstante estos logros y la necesidad de dar una debida continuidad al monitoreo de la situación y fortalecer aún más el mapa de ecosistemas en términos de las escalas y la calidad y cantidad de información, el Gobierno Nacional haya disminuido el presupuesto de estos institutos de investigación en un 25 por ciento para el próximo año.

Y es que este mapa debería servir al país en la definición de sus prioridades y estrategias para detener el declive de los ecosistemas que, en los últimos dos años, se dio con particular fuerza en Caldas, Cundinamarca, Santander y Antioquia; o para restaurar los bosques secos de la región del Caribe, la más profundamente deteriorada, y combatir la transformación de sus ricos humedales en potreros; o para detener la gran deforestación que se detonó en el norte de la región amazónica en la era del posconflicto; o para establecer medidas de prevención en los lugares con altas probabilidades de inundación, aumentadas hoy por el cambio climático, que alcanzan una extensión de doce millones de hectáreas; o para que la actividad agrícola sea más amigable con el medioambiente y, en particular, no continúe deteriorando los suelos y haga un mejor uso del agua.

Estos son solamente algunos ejemplos que ilustran cuán útil podría ser la información entregada tanto para las autoridades públicas como para la dirigencia privada, en particular de los sectores agrícola, minero, energético y urbano, toda vez que las causas últimas de la negativa transformación de los ecosistemas que atraviesa el país son principalmente fruto de las erradas políticas de estos sectores.

Si el Gobierno y el sector privado no toman en serio lo que nos está advirtiendo el mapa de los ecosistemas de Colombia, lo único que podríamos esperar es que en los años futuros el Ideam continúe mostrando periódicamente una más refinada contabilidad del desastre, mientras los ambientalistas ponemos una vez más un grito inútil en el cielo y la prensa registra sus condolencias.

Lo grave es que se está condenando paulatinamente al país a perder gran parte de su mayor riqueza: la biodiversidad y el agua.

MANUEL RODRÍGUEZ BECERRA

Columnistas

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