Sincronicidades

Sincronicidades

Que la educación superior haga un alto en el camino de la técnica y se plantee volver a sus raíces.

17 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Por causa de la gripa pensé en el jengibre, por causa del jengibre pensé en el rizoma, tallo que crece horizontalmente, formando raíces. Por causa de los virus y los rizomas acabé explorando en las redes, y así fue como me encontré con Arturo Sosa, el nuevo superior de la Compañía de Jesús.

No por la venida del Papa blanco acabé en el papa negro, que no es negro sino blanco, como el presidente de los Estados Unidos. No recomendaría pensar en este último en estado febril.

Y ahora bien, fue por la educación y por la posibilidad –diría mejor, por la necesidad– de construir un pensamiento colectivo de salvamento global por lo que llamó mi atención el discurso de Sosa en la Universidad de Vidjajyoti, Delhi (India). Y, por último, fue buscando el discurso de Sosa como llegué a Leonardo Boff.

Y aquí empiezo. Dijo el brasileño: creo que aún no hemos llegado a la gran crisis de la Tierra. La humanidad tendrá que plantearse: o cambiamos o morimos. Pueden verlo aquí:

Sosa, sabedor de que esto es así –y de que además es inexorable–, apela al sentido vocacional sobre la educación que caracteriza a su red para proponer no una reflexión teológica, sino una acción social profunda, capaz de enfrentar la crisis. Invitó a las universidades jesuitas del mundo a “establecer redes para colaborar con los demás en la desafiante aventura de planear y trabajar para el futuro de la humanidad”.

Vuelvo al jengibre: interpreto el discurso de Sosa como un llamado urgente para que la educación superior haga un alto en el camino de la técnica y se plantee volver por sus raíces: la enseñanza de las humanidades, como lo viene reclamando Martha Nussbaum. La virtuosa unión de la ética y la estética, el arké de los griegos, el kalos kai agathos. Porque enseñar el sentido de lo humano para recuperar nuestra conciencia biosférica es lo único que nos permitirá enfrentar una crisis que hoy amenaza la vida en su conjunto.

Esto hay que hacerlo pronto y hay que hacerlo entre todos, como lo plantea lúcidamente Sosa. Pero fueron Deleuze y Guattari ('Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia') quienes primero invitaron al mundo a pensar en el jengibre. Se adelantaron veinte años al discurso de Sosa y aludieron a “la revolución rizomática de la educación”.

Otrosí: solo con más educación superaremos el estercolero.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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