La ingeniería social

La ingeniería social

¿Pueden las ingenierías contribuir a la construcción de una tecnósfera sostenible?

05 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Se habló en la preparación de la cátedra Julio Garavito de la Universidad Nacional, de que este año se ocupará del cambio climático, de una idea quizá no tan original como pertinente: la que argumenta que la ingeniería va siendo, en el mundo de hoy, una ciencia más social que exacta. Pretensión, esta última, que quizá tuvo en sus orígenes cuando devino de la física, ciencia hoy, a su vez, más abstracta que exacta, como que ya no es tanto la notaria de leyes inmutables sino testigo de un mundo de incertidumbres: la voluntad de las partículas, la transparencia de la materia condensada. Más arte que razón, en todo caso. 

Si las ciencias exactas y naturales aceleran su encuentro con las verdades del arte, quizá podamos aspirar a que algunas de sus disciplinas derivadas, las ingenierías, se conciban como saberes al servicio de la adaptación del individuo humano a una sociedad amenazada por él mismo: la era del antropoceno.

Las ingenierías, en cuanto disciplinas del ingenio del hombre, construyeron la tecnósfera. El antropoceno se expresa en el colapso de la biosfera, causado por esta tecnósfera que consolidó sus perfiles durante el siglo XX. Por eso, lo que la sociedad demanda hoy de las ingenierías es su aporte inventivo al servicio de la restauración del equilibrio entre la biosfera y la tecnósfera.

Lo que la sociedad demanda hoy de las ingenierías es su aporte inventivo al servicio de la restauración del equilibrio entre la biosfera y la tecnósfera.

¿Pueden las ingenierías contribuir a la construcción de una tecnósfera sostenible? Sí, pero antes necesitan asumir y compartir con otras ciencias la urgencia global de construir un mundo verdaderamente sostenible. Propiciar el encuentro de todas las disciplinas, a partir de propuestas de producción más limpia, nuevos materiales, energías renovables, construcciones sostenibles y vías más resilientes y mitigadoras de carbono. Innovación social.

La consiliencia de que habló E. Wilson, que empezará quizá por el encuentro entre las ingenierías, concebidas como ciencias sociales, y la economía, pero no la economía del siglo XIX, que se arrogó la pretensión de ciencia predictiva, cuasiexacta y hasta infalible. No; me refiero a la economía del siglo XXI, asignatura aún pendiente, capaz de interpretar los riesgos globales del antropoceno y facilitar un desarrollo más equitativo y menos depredador de la naturaleza. Las universidades pueden contribuir a fomentar el nuevo diálogo entre las ingenierías y la economía.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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