'Fracking’, bajá un cambio

'Fracking’, bajá un cambio

¿Podrán conciliarse aspectos de negocios, ambiente, salud, desarrollo y transición energética?

13 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Es probable que el debate sobre el fracking se autoorganice. La ciencia sostiene que es una técnica peligrosa para la salud humana; otros (científicos del IPCC) han planteado que el gas de esquisto funciona como hidrocarburo de transición, hacia una economía sin carbono. “Bajá un cambio”, dicen los argentinos cuando quieren replantear un diálogo. En el primer escenario, es correcta la decisión del ministro Murillo: posponer la implementación hasta que estemos preparados para prevenir y mitigar los riesgos. Pero el escenario puede autoorganizarse (cinco, diez años) debido al mercado favorable de las energías renovables, que moverá el interés de los inversionistas hacia este nuevo nicho.

El tema migraría del sector ambiental al energético. El ministro de Minas deberá decirnos si existe una política energética que contemple los aportes del fracking en la reducción de emisiones, en asocio con las renovables. Y si nos alcanzará nuestra institucionalidad para controlar los riesgos de las explotaciones en el horizonte 2020-2040. ¿Podrán conciliarse los aspectos de negocios, de ambiente, de salud pública, de comunidades, de desarrollo y transición energética? La puerta que abrió el IPCC (2014) para considerarlo gas de transición es inequívoca y difícil: que sustituya al carbón, que las fugas de metano se mantengan mínimas y que la transición sea de corto plazo. Si esto no sucede, se fortalecerá el escenario de la moratoria; y si esta se plantea de largo plazo, en la práctica equivaldría a prohibición, como han hecho muchos países.

Entonces el debate volverá al sector ambiental, y el escenario de la transición (que es el ideal) se enredará por falta de institucionalidad y, otra vez, por no haber definido cuando tocaba (es decir, ya) una política energética y de desarrollo: clara, ambiciosa, moderna, que contemple una ruta de largo plazo. Está claro que si la transición, globalmente, no se empieza antes de 2050, nos quedará muy difícil hacerla después. El escenario que nos esperaría sería de crisis generalizada y pobreza extrema. Conciliar todo esto es complejo. ¿Por qué no le damos la palabra a la ciencia? A la academia de ciencias y a las universidades. Bien podrían sugerir esta hoja de ruta 2020-2050. Bajar un cambio y mirar entero. He ahí la cuestión.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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