¿Crecimiento verde?

¿Crecimiento verde?

¿Por qué insistir en inventarnos otro modo de crecimiento que eluda la raíz del problema?

06 de julio 2018 , 12:00 a.m.

MEDELLÍN. Entre una alusión a la felicidad de la gente, traída a cuento por el presidente Santos en el Congreso de los Servicios Públicos, y otra sobre el Club de Roma y su consabido diagnóstico de los límites del crecimiento, yo me quedé pensando en cómo conectar esas dos cosas. La de propiciar un desarrollo para la felicidad y la de insistir en un modo de crecimiento que, de todas maneras, acabaría desafiando la finitud del planeta. 

Me pregunté si el crecimiento verde (ese concepto en boga) puede ser la panacea conceptual que nos resuelva el problema de la vida (nada menos). Entonces recordé una conferencia de Edward Wilson en la que dijo (refiriéndose al mundo en que vivimos) que por primera vez asistimos al derrumbe de la universalidad de las leyes, la solidez de los resultados y la calidad de los modelos.

El mundo en que vivimos (léase el antropoceno) es el de la modernidad líquida. De manera que el crecimiento verde más parece el eufemismo sustituto del desarrollo sostenible que el concepto de tránsito entre el antropoceno y la sociedad verdaderamente sostenible. ¿Por qué insistir en inventarnos otro modo de crecimiento que eluda la raíz del problema? Precisamente, el crecimiento, el consumismo, el estilo de vida. ¿No sería mejor, me digo, reconocer que es posible otro desarrollo? Si el problema es el carbono, entonces el desarrollo debe ser sin carbono.

El crecimiento verde más parece el eufemismo sustituto del desarrollo sostenible que el concepto de tránsito entre el antropoceno y la sociedad verdaderamente sostenible.

Y eso, ya lo sabemos, es posible. El mundo puede soportarse (todo) bajo un esquema de economía sin carbono en 2050 (100 % Renewable Energy by 2050, Ecofys, 2011). ¿Miedo a decir las cosas por su nombre? Desarrollo bajo en carbono y transición de la economía. He ahí la cuestión. Atreverse a poner en cuestión el paradigma del crecimiento y admitir, incluso, la posibilidad de un decrecimiento como lo vienen planteando Latouche y Taibo. Caer en la trampa de reemplazar el oxímoron del desarrollo sostenible por otro oxímoron es hoy más peligroso que en los años sesenta. Desarrollo no tiene que ver con crecimiento, sino con felicidad, con equidad, con paz. Maquillar de verde el crecimiento equivale a desviar el foco del problema. Hay que hacer un desarrollo bajo en carbono.

Otrosí: una cerrada ovación para dos personas que le cumplieron al país se escuchó en el auditorio de Plaza Mayor: el presidente Juan Manuel Santos y Gustavo Galvis Hernández, presidente de Andesco. Doble agradecimiento.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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