El sargento Rodrigo García
Por: GENERAL ÁLVARO VALENCIA TOVAR |
Si alguien personifica lo mejor del Ejército de Colombia en el momento actual es este suboficial con su conducta ante el desbordamiento brutal de los indígenas del resguardo de Toribío hace un par de semanas. En el cerro Berlín, donde custodiaba unas antenas de comunicación, esenciales para el país y para sus Fuerzas Armadas, al mando de una escuadra de soldados, el sargento García, dando muestras de serenidad impresionante, estoicismo, dominio de sí mismo y respeto por la población civil -en este caso indígenas-, prefirió dejarse ofender, insultar y maltratar, que hacer uso de su arma en legítima defensa, suya y de sus hombres, que disciplinariamente siguieron su ejemplo y también recibieron vejámenes y ofensas de toda clase sin emplear siquiera las culatas de sus fusiles para repeler la agresión despiadada.
Esta conducta de hombres instruidos y entrenados para luchar, combatir, reaccionar en fracciones de segundo contra emboscada aleve, puede resumirse en una palabra: disciplina. Cabe imaginar lo que hubiese sucedido si uno solo acciona su fusil al sentirse agredido y golpeado. La detonación en medio de la barahúnda se hubiese contagiado al grupo en forma refleja. Y si el autor del disparo fuese el comandante de la fracción, habría revestido el carácter de una orden de fuego. Al sargento García y a su don de mando se debe que una tragedia de fatales consecuencias se evitara. La ovación que el Congreso, puesto de pies, tributó al suboficial encarnó el homenaje que toda la nación colombiana rinde en silencio a un héroe nacional.
Conocí de cerca al sargento Rodrigo García como secretario-ayudante de la División simbólica José María Córdova, fundada por los oficiales de Infantería en retiro para perpetuar en la Reserva Activa los sentimientos y valores del Arma del sacrificio y de la gloria. Cuidadoso en su uniforme, cumplidor meticuloso de sus obligaciones, cortés y eficiente, ganó el aprecio de todos los infantes en retiro, que se expresó cuando fue llamado a curso de ascenso. Hombre de mérito excepcional, trabajó desde los 8 años para pagar sus estudios y ayudar a su mamá, que había quedado sola, hasta lograr su admisión a la Escuela de Suboficiales. Ahora, solicitó volver al Cauca y al sitio donde fue maltratado, para ganar la buena voluntad de los indígenas.
La protesta del cabildo de Toribío deja como urgencia inmediata la complementación de la Carta del 91 en lo que toca a las territorialidades étnicas, comenzando por definir la delimitación actual de los territorios indígenas, para protegerlas de la avidez de colonos invasores y de las incursiones feroces de bandas criminales y seudorrevolucionarias. La precisión que en este orden se requiere evitaría en gran parte desórdenes como los ocurridos recientemente.
El Artículo 290 de la Constitución determina que la Nación "... realizará el examen periódico de los límites de las entidades territoriales". Cabe preguntar cuándo fue la última vez que se revisaron tales delimitaciones, pues sin estas no es posible ejercer vigilancia sobre la propiedad de la tierra como tampoco para el ejercicio de las prerrogativas constitucionales de las etnias amparadas, ni a tales etnias desbordar la Carta como lo hicieron en el caso del personero de Bogotá, sindicado de actos delictivos en el desempeño de su cargo, y sus congéneres caucanos rodearon con caciques armados de sus bastones de mando y algunos de garrotes la vivienda del personero reclamando derechos constitucionales para juzgarlo.
El segundo aspecto que urge precisar en la legislación es el alcance y las limitaciones que las prerrogativas étnicas conllevan, pues los indígenas reclaman con carácter absoluto lo que implicaría convertirse en repúblicas independientes dentro de una nación unitaria, contrariando espíritu y letra de la Carta.
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