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El beso de la discordia

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En Colombia vivimos hechos tristes, irascibles y dolorosos. Every day, como dicen los gringos. Un día, el estremecedor asesinato de Rosa Elvira Cely, que Dios la tenga en el cielo. Otro día, un ataque de las Farc que matan niños en el vientre y a otros dormidos, tal vez porque creían que estaban soñando con ser policías; o un bombardeo a estas, donde también mueren colombianos, del lado equivocado, pero seres humanos, aunque a veces sean tan inhumanos. Otro, se descubren fosas comunes, cada vez más comunes. Otro, aparece un testigo y dice que vio cómo al buen estudiante universitario Luis Andrés Colmenares lo mataron sus "amigos", en forma cruel. ¿Qué nos pasa?

Así vamos en este triste país, en que sube el optimismo. Sin contar en que todos los días hay debates. Así que hablemos de uno de los de esta semana: un policía bajó a una pareja de lesbianas que se besaban en el TransMilenio. O, no en el articulado, sino en la boca. No supe qué tan apasionadamente. Tampoco la ruta, pero tal vez las mujeres iban para el barrio El Placer. Parece que el beso fue normal. Pero el policía consideró que esa actitud 'lesbi' delante de tanta gente agarrada del tubo, apretados, era provocadora. O, no era de buen gusto. ¿O inmoral?

Aunque muchos se muerden los labios para no opinar, otros califican el hecho como un acto discriminatorio y homofóbico. "Ante la Constitución, todos somos iguales, papi", me dijo un ofendido. No, porque no todos somos gays, le dije en chiste. Lo que sí tenemos son los mismos derechos, "papi".

Las libertades y derechos individuales son sagrados. Y en ellos constitucionalmente está sentada, o de pie, la orientación sexual. Se puede ser heterosexual, lesbiana o gay, mientras no sea obligatorio, como dice un gran periodista. En ese sentido, la comunidad LGTB merece el respeto de todos.

Pero, a propósito del beso, hay comportamientos ciudadanos que a veces dejan que desear. O hacen desear. Sean lesbianas, gays, trans, heterosexuales, a veces los besos públicos, y casi púbicos, en buses y busetas son de excesiva pasión. Con lengua que examina las amígdalas, gemido, retorcijón, patada al del puesto de adelante. Además, es peligrosa la parada, pues en una frenada brusca hay peligro de que alguno quede boquinche.

En todo caso, esos besos fastidian. "Páguele pieza", le gritó un día un sujeto a una pareja sujeta por su jeta. Estas chupalinas son, además, desconsideradas, porque uno puede ir con hambre. En buses y busetas lo que debe imperar es la hora "pico". Un pico, o un besito cariñoso pasan inadvertidos. Lo demás es un espectáculo. Y para eso hay lugares más oscuritos y tranquilos, sin testigos, donde se puede interpretar ese bolero universal, Bésame mucho. "Bésame, bésame mucho / como si fuera esta noche / la última vez". Y lo que venga después.

Hasta aquí creo que vamos bien. La verdad, cada quien es como quiere, pero debe haber decoro, más en este país aún conservador, que no es Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, Italia, o Estados Unidos. Aquí aún la tolerancia con las libertades sexuales se viste hasta los tobillos.

De otra parte, se entiende que la salida del clóset es jubilosa para los miembros de esa comunidad, y bien que lo hagan. Pero, un cordial consejo: háganlo sin voladores. Porque se ha llegado a que algunos ya no dicen ok, sino o gay. Inclusive en presentaciones públicas recalcan su condición. A la profesión le agregan "y soy gay". Eso es íntimo, creo. Uno no dice, "soy columnista y heterosexual". Se es médico, abogado, periodista y lo sexual se lleva adentro.

Lo que se requiere es que haya tolerancia y respeto de un lado, y prudencia del otro. Así cabremos todos, en paz, sin discriminaciones, en el mismo bus. Un beso.

luioch@eliempo.com

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