Regrese, papa Francisco

Regrese, papa Francisco

Apenas despegó su vuelo, volvieron nuestras papas calientes.

16 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Acabamos de vivir una semana santa en Colombia. Estuvo entre nosotros el papa Francisco, peregrino de la paz. Fueron cinco días de fe, de reflexión, de esperanza y de perdón. Cómo sería que se pedía perdón hasta en las apreturas de los transmilenios.

Había un apaciguamiento espiritual no visto en 60 años. El cayado del Papa calló a políticos, que prometieron revisar su corazón. ¿Tendrán? Creo que Uribe estuvo a punto de abrazar a Santos y darle su saludo de la paz. Debió intentar coger el celular cuando el obispo de Roma dijo: “Hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas (...), volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria”. Todavía es tiempo, senador Uribe, de “dar el primer paso”.

Y creo que la oposición reconoció que la paz es lo mejor que le ha pasado a este país en décadas. Les debió de quedar sonando esta frase, dicha con cariño: “No pierdan la paz por la cizaña o diferencias”. Sisas, dicen los chinos.

Las páginas de los periódicos eran de muchedumbres con Francisco en el centro, de blanco, como un haz de luz para todo el país; todo era positivo. En Bogotá no hubo crímenes. Si acaso se robaron un celular para llamar al cielo. Era “el país que soñamos”.

Cuando su santidad llegaba a Roma, imagino que aún con su ojo precolombino, vimos que aquí la sal se sigue corrompiendo

Pero todo cambió. Por eso, por favor, papa Francisco, venga otra vez. San Frenando Despacio guiará al conductor de papamóvil. Si puede, instale una santa sede en Colombia. Es que, apenas despegó su vuelo, volvieron nuestras papas calientes. El domingo, EL TIEMPO revelaba que 25 capos se habían colado en la lista de las Farc. Allí, buscando la justicia especial para la paz, dizque hay mexicanos, ecuatorianos, los del ‘clan del Golfo’ y de la golfa, como dice el dictador de Venezuela, que anda en plan conejo contra la oposición.

Y cuando su santidad llegaba a Roma, imagino que aún con su ojo precolombino, vimos que aquí la sal se sigue corrompiendo. La Corte Suprema está en suprema vergüenza, pues otro magistrado fue acusado de supuesta venta de decisiones judiciales. Que es venta de conciencia, de honra, de honor, de dignidad. Que los magistrados tuerzan las sentencias, que coman ‘sancohecho’ de róbalo, es como el sastre puesto en tela de juicio. Pero, aquí unos aforados roban como desaforados, y no poco, sino millonadas, pues ellos no se ponen con “chiquitajes”.

Regrese, santo Papa, con su báculo de la justicia, pues tan mal está nuestra Corte Suprema que en reunión extraordinaria le pidió a Malo que diera “el primer paso”, pero al costado. Es decir, lo malo es que no renuncie. Pero él dijo que se queda. Con razón usted comentó que “el pecado más grande es que se ha perdido el sentido del pecado”.

La Corte ha venido en ‘modo corrupción’. Del expresidente de ese alto tribunal, magistrado Bustos, dijeron que cree que sin ‘tretas’ no hay paraíso. Y así hay varios. Pero, si resultó corrupto el fiscal anticorrupción, qué esperar... Que Dios los perdone, pero la justicia, no. Claro que el Papa afirmó que el corrupto no sabe pedir perdón. Claro, él pide es plata.

Y ahora, el tío Trump nos amenaza con descertificarnos porque no hemos erradicado lo que ellos aspiran. Eso desanima, pues, aunque la coca creció como yerba mala, hay esfuerzo grande y miles de hombres sacrificados, que llevan ya 38.000 hectáreas libres de la mata este año. Lo que nos toca hacer es seguir trabajando. El único justo es Dios.

Si no puede volver pronto, papa Francisco, rece por este país, lleno de juventud que ve malos ejemplos pero que no quiere “dejarse robar la esperanza y la alegría”.

Se necesita que los millones de honestos señalemos, que los magistrados y jueces honrados se pongan la toga de la justicia. Que dejemos los odios y nos unamos contra los pícaros. Y siempre recordando su frase, papa Francisco: “El triunfo está no en no caer, sino en no permanecer caídos”.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

Columnistas

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