Me reuní con el pato Donald

Me reuní con el pato Donald

Construirá un muro, pero de lamentaciones, porque todos van a dar quejas, a hacer mala patria.

22 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Sí, me reuní con el pato Donald. Aunque lo iba a contar en un trino: “Gracias @PATUS-@realPatoDonald”, como hizo un expresidente del proceso de paz de la silla vacía, y de las manos vacías, prefiero contarlo aquí.

La reunión en su club Mar-a-Lago, de La Florida, fue por invitación de un tercero, Pato Neo, no porque me haya tocado correr detrás de Donald, como pudo pasarles a los nostálgicos expresidentes, sino porque así se llama el pato que me hizo el contacto, mientras yo me tomaba una amarga… soledad.

Donald estaba rojo, como si acabara de meter la pata. Y como no fue un encuentro de pasillo, un ‘hola’, sino charla larga, le pregunté por la tal visita del expresidente Uribe. “¿Cua, cua, cuál?”, me respondía, como si no se hubiesen visto ni lo recordara bien. “Uno de carriel y aguadeño, cargado de tigre, que despotrica de la paz, de la justicia”.

“Jep, jep, jep”, se reía Donald, con gracia. “No lo retengo”, dijo. No es para que lo retenga, tampoco, don pato, él es un senador nuestro.

Y agregué que ahora anda con otro pato...jito ex, de cabello blanco de críticas... “¿Cua, cua, cuál?”, dijo, como si tampoco lo recordara.

Cuando un país se siente amenazado, los exmandatarios rodean patrióticamente las instituciones, en vez de salir a dar quejas.

Al pato le gustó que yo no fuera a hablar mal de Colombia. Que llevara un tono positivo, porque, según me dijo, él tiene que construir un muro, pero de lamentaciones, porque todos van a dar quejas, a hacer mala patria, a rajar de nuestras instituciones, que no hemos sabido defender. Coincidimos en que es un triste papel, pues a la larga son el país y la gente los que pagan el pato.

Fui sincero, pero no quejetas. Le comenté que es verdad que aquí han aumentado los cultivos de coca, pero que se está trabajando duro para erradicar 100.000 hectáreas. Inclusive, le dije que me daba pena, pero que vi que hace poco importamos 60.000 toneladas de maíz gringo, cuando aquí lo podrían cultivar los campesinos cocaleros, como sustitución de la mata que mata y que allá y en Europa consumen; que por ello deben hacer el esfuerzo de no bajar la plata del Plan Paz... Sonrojose el pato.

Le dije que el proceso con las Farc va bien, que ya se han salvado muchas vidas, que siguen entregando armas. Y hablamos sobre que aquí cada quien nada por su lado, y nada que pensamos en el país y en el futuro. Triste.

Maduro, por ejemplo, cada vez es más pato patán con su pueblo, sigue con aletazos de dictador, en cuyo régimen está muriendo la gente en las marchas y de hambre y de falta de medicina, de todo. Por estos días, Maduro anda con la pata Leta, como loco por la presión interna, y mientras los queridos hermanos venezolanos no tienen alimentos, él dice sin sonrojarse que los colombianos están invadiendo su país en busca de comida. Sonreía el pato Donald con ironía.

Finalmente me aconsejó escribir una carta, no quejumbrosa, al Congreso gringo, sino a nuestros dirigentes, pidiendo que se sienten los que gobiernan y los que se oponen, que se depongan los odios, que nos unamos para defender a nuestro país. El primer pato del mundo dio una lección: cuando hay una situación de frontera grave, cuando un país se siente amenazado, los exmandatarios rodean patrióticamente las instituciones, en vez de salir a dar quejas. Es un código sagrado de alta diplomacia, de patriotismo, y está por encima de odios y mediciones políticas. Lo mismo cuando afrontemos calamidades naturales, como las de Mocoa y Manizales, todos debemos aportar para los damnificados; inclusive, dar el valor de los pasajes en vez de irse a hacerle mal ambiente al país.

El pato Donald dijo, al final, que a lo largo de la historia las divisiones hacen daño a los pueblos. Venezuela es el ejemplo. Lo único es la grandeza, o nos carga una pata: la Patasola. Y ¡trump…! se lanzó al agua.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

Columnistas

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