Alzar la voz

Alzar la voz

Detrás de la manifestación por la carrera 7.ª no hubo un músculo político en contra del Alcalde.

24 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

El mantra es sencillo: soy ciudadano.

Repítalo cada día, una y otra vez, para entender el compromiso con su país o, si lo prefiere, con su comunidad. No importa si usted es estudiante, abogado, médico, empleado de un supermercado, un lector desprevenido o una persona de la tercera edad; por encima de todo, usted es ciudadano.

¿Por qué es necesario aplicar el mantra? Porque, a veces, parece que olvidamos nuestra esencia. Somos habitantes de Colombia, residentes de una ciudad y vecinos de un barrio. Los ciudadanos que se asumen como tal luchan y sueñan por vivir en un mejor país, por tener una ciudad que ofrezca mejor calidad de vida y lo hacen con respeto.

Deberíamos ser más los ciudadanos que alzamos la voz en contra de la corrupción, en contra de las promesas incumplidas por los políticos y en contra de aquello que nos afecta. Deberíamos ser más los ciudadanos que ejercen un rol activo en todos los niveles: entendiendo que la democracia no solo es ir a depositar un voto en el día de elecciones, sino también exigir a los elegidos respeto hacia las convicciones e ideales de unos y otros.

Ser ciudadano es entender nuestro rol en el país, ciudad y barrio; es apropiarnos de nuestra vida y del entorno. Entender que en nuestras manos también está la posibilidad de conseguir algún cambio o enderezar un entuerto.

El problema no es Peñalosa –ya lo he dicho aquí, no respaldo a la revocatoria– el problema es dejar una imborrable cicatriz a una calle por la que ha pasado la génesis misma de la capital

Digo esto luego de la marcha del pasado sábado, en pleno corazón de Bogotá, contra la construcción de una horripilante y dañina troncal de TransMilenio, que gusta al alcalde Peñalosa, a sus asesores, a los señores de la Fundación Azul Bogotá, pero que a muchos vecinos (que son los directos afectados por el peñalosístico proyecto) no gusta.

Sí, lo reconozco, no fue una marcha multitudinaria. Pero, contra lo que algunos han señalado, detrás de la manifestación no hubo un músculo político sacando gente a la calle, arengando en contra del Alcalde. El problema no es Peñalosa –ya lo he dicho aquí, no respaldo la revocatoria–, el problema es dejar una imborrable cicatriz a una calle por la que ha pasado la génesis misma de la capital.

Habría máximo 200 personas en la marcha. Sin embargo, desde ventanas y andenes, así como desde los mismos vehículos que circulaban en sentido contrario, hubo muchos que acompañaron la manifestación. Afiches, banderas y pitos hicieron presencia fugaz desde la barrera. Sin unirse a quienes marchábamos. Seguro tendrían otros compromisos o tal vez la convocatoria a través de medios y redes sociales no fue buena, pero el respaldo de los vecinos de la carrera 7.ª se dio. Si no, pregúnteles a los funcionarios del Distrito que iban acompañando la marcha. Ellos saben a qué me refiero.

La tarea ciudadana se hizo. A pesar de que pusieron a ciudadanos de a pie, protegidos apenas con sus prendas de vestir, a compartir la vía con buses, taxis y particulares, “porque eso fue lo que autorizó la administración”, sin importar si se ponían vidas en riesgo. A pesar de que desde sus redes el Secretario de Movilidad (que debemos recordar es de los bogotanos, no de Peñalosa) descalificaba la marcha. A pesar de que los amigos de Azul Bogotá nos graduaron a todos de petristas y amigos de la revocatoria, cuando muchos de los que estábamos ahí no comulgamos con esos credos.

Ser ciudadano en Colombia no es fácil. Los primeros en sentirse incómodos con la ciudadanía activa son los políticos, que ven en eso una amenaza a sus intereses. Por eso se descalifica el movimiento social y, si es posible, se les pasa los buses por encima o los matan, como ocurre en otras zonas del país.

Por eso hay que ser ciudadanos. Hay que hacernos escuchar y exigir respeto a nuestras opiniones, así un funcionario las considere “pírricas”.

#PreguntaSuelta: ¿se ha parado junto a una estación de TransMilenio en la Caracas? ¿Lindas, no?

JUAN PABLO CALVÁS

Columnistas

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