Pausa de Semana Santa

Pausa de Semana Santa

El acceso ilimitado a la información está asfixiando la reflexión serena.

10 de abril 2017 , 01:56 a.m.

En la apacible biblioteca de mi colegio había solo una enciclopedia de gran formato en español para todos los niños, de manera que cuando alguna tarea exigía la consulta de un determinado tomo, las entregas se programaban día a día durante un mes para que todos pudiéramos ir a la biblioteca en un recreo y procesar el asunto.

Estaba prohibido llevarse para la casa los volúmenes de la enciclopedia desde que algún alumno había perdido el tomo que nos dejó irremediablemente condenados a no investigar nada que alfabéticamente se encontrara ubicado entre pan y sol. Acceder a la información era un privilegio y una proeza. No había internet. No existía Google.

Las precarias máquinas de retratar no tenían memoria y cualquier foto exigía ir a las tiendas de Kodak para que revelaran el rollo. A color eran mucho más caro y, entonces, con frecuencia había que acudir al blanco y negro para que rindieran los pesos. En promedio, yo tenía derecho a un rollo de 12 al semestre, de manera que cada foto que tomaba era un tesoro y representaba algo muy importante en mi vida. Todavía conservo unos viejos foto álbumes en los que están registrados los momentos más felices de mi infancia. No había Instagram. No existía Snapchat.

Lo de la televisión era más fácil, pues mi abuelo decidió que eso mataba el amor por la lectura y nos convenció, a mis hermanas y a mí, de que en la finca donde vivíamos no entraba la señal. Años después logramos que nos dejaran –sin control remoto– ver el canal 7 y el Teletigre entre las 4 de la tarde y las 7 de la noche. Películas, solo una vez al mes con mi mamá y mi tía en los matinales dominicales del teatro de La Castellana, que era el que quedaba más cerca del entonces municipio de Suba. No había Netflix, no existía YouTube.

Y la música, bambucos, pasillos y el bunde tolimense en unos pesados acetatos de Sonolux, que sonaban en el arcaico tocadiscos de la casa, sometidos a los rayones y las agujas viejas. El radio era de tubos, demoraba en calentarse, no había emisoras FM, pero, en cambio, en onda corta se lograban, a veces, captar unas señales del más allá en idiomas que no entendíamos. No había Spotify, ni Deezer, ni ‘podcasts’.

Así, sin internet, sin redes sociales, sin celulares ni teléfonos inteligentes, sin ‘tablets’ ni computadores, sin Facebook, ni Twitter, ni Rappi, ni Uber ni Tappsi, sin videojuegos ni ‘apps’, ni tampoco calculadoras electrónicas, vivíamos con distintas prioridades.

Hablábamos y conversábamos más. Jugábamos más. Nos divertíamos más. Leíamos más. Pensábamos más. Gozábamos más. Compartíamos más. Teníamos más amigos de verdad y menos amistades virtuales. Teníamos más compañeros de vida y menos aparatos interconectados. Estábamos más acompañados y acompañábamos más. Escuchábamos más carcajadas de verdad cuando no existían las caritas sonrientes de los emoticones. Hoy, por andar pegados a los celulares, no nos detenemos en lo que es importante... y se nos pasan tantos pequeños detalles que aún deberían importarnos.

En esta Semana Santa me encuentro lejos de la rutina, de la controversia nacional y de la densa polarización. Sin conexiones electrónicas, bajando al pueblo para tener conectividad, sin televisión, internet, periódicos ni radio. Retumba como una lección de vida la necesidad de aprovechar todas las oportunidades que nos brindan las nuevas tecnologías, sin que ellas terminen por esclavizarnos.

Nosotros las debemos dominar a ellas, no al contrario. No podemos dejar que la técnica se devore el espíritu. No podemos dejar que el ser humano sucumba ante sus propios inventos. No podemos tolerar que el acceso ilimitado a la información asfixie el pensamiento constructivo, analítico y crítico. No podemos permitir que entre más umbrales tecnológicos superemos, más nos apartemos de las dichas verdaderas de la vida, del espíritu, de la naturaleza y de las personas que más amamos.

JUAN LOZANO

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA