2018: necesidad de causas comunes

2018: necesidad de causas comunes

La tarea inmediata deberá orientarse a construir el diálogo inteligente y el debate propositivo.

18 de diciembre 2017 , 12:42 a.m.

Son tan monumentales los desafíos que Colombia debe sortear en los próximos años que resulta indispensable recuperar el olvidado propósito de convertir en causa común algunos asuntos medulares para el futuro de este país. Gane quien gane la presidencia en el 2018, requerirá de legitimidades mayores que las que podrán brindarles sus propios electores en este escenario de polarización, divisiones y subdivisiones de los colombianos.

La campaña, claro está, permitirá valorar opciones y propuestas distintas y deberá brindar los elementos necesarios para que la gente vote a conciencia. Pero una vez se defina en las urnas quién ha recibido el respaldo mayoritario, la tarea inmediata deberá orientarse a construir privilegiando el diálogo inteligente y el debate propositivo y no a partir de la ‘mermelada’ infectocontagiosa, una base sólida de acompañamiento ciudadano para las decisiones del Ejecutivo.

A este país le ha hecho mucho daño la fórmula de tramitar lo que al Ejecutivo le provoca en el Congreso a punta de untar congresistas, a sabiendas de que muchos se roban una parte de los recursos sobre los cuales tienen influencia. Ese es un pacto diabólico que asegura una falsa gobernabilidad y que deriva en leyes y actos legislativos que son repudiados, despreciados, desconocidos o ignorados por las mayorías ciudadanas. Por eso, tantas normas tramitadas en contravía de la ética de las causas comunes ya están muertas al momento de nacer.

Y, por eso, también, con este modelo político que se instauró en Colombia ninguna de las reformas estructurales que requiere el país se han podido aprobar en el Congreso: ni la reforma financiera de la salud, ni la reforma de la justicia, ni la reforma electoral, ni la reforma ambiental, ni la reforma tributaria estructural (distinta a la sucesión de modificaciones antitécnicas, injustas, chambonas y alcabaleras que nos tienen al borde de la pérdida del grado de inversión), ni la reforma pensional, ni la reforma minera ni la reforma penitenciaria y carcelaria... en fin.

Cuando la lógica imperante a la hora de tramitar un proyecto en el Congreso es para tantos congresistas la del implacable CVY, el cuánto me toca, la primera víctima es el interés superior de los ciudadanos; la primera víctima es el bien común. Lo anterior explica por qué la ciudadanía no cree ya en las instituciones: porque no se sienten representados los ciudadanos en quienes están tomando las decisiones.

Así, quien gane la presidencia del 2018 deberá dejar de depender del apoyo fletado en el Congreso para conquistar el apoyo real en el corazón de los colombianos. Sin dogmatismos, odios ni resentimientos. Sin revanchismos ni terquedades. Sin andar pasando facturas de campaña ni de gobiernos pasados. Con ánimo plural de diálogo y tolerancia. Con la voluntad de defender con lealtad las ideas propias, pero con la disposición simultánea de valorar con respeto las ideas de los demás.

Solo así se podrán librar con éxito batallas colectivas para enfrentar la crisis económica que se nos está viniendo; para introducir los correctivos indispensables en el proceso con las Farc, sin que ello implique hacerlo trizas; para recuperar la legitimidad de las instituciones; para evitar la impunidad en todos los casos atroces de violencia sexual contra los niños y las mujeres; para recuperar una senda de crecimiento económico sostenible; para defender las libertades ciudadanas, los derechos humanos, la libertad de empresa y la propiedad privada; para retomar acciones eficaces contra la pobreza y la desigualdad; para evitar que Colombia se siga despedazando entre insultos insoportables y pulsos inútiles.

* * * *

Queridos lectores, agradezco su compañía y fidelidad en este año 2017. Los dos próximos lunes, 25 de diciembre y 1.° de enero no circulará el periódico y el 8 estaré en mi viaje de regreso, por lo cual esta columna reaparecerá el 15 de enero. Que Dios los colme de bendiciones y que tengan, en unión de sus seres queridos, una muy feliz navidad y un maravilloso 2018.

JUAN LOZANO

Columnistas

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