La temporada idiota

La temporada idiota

La obsesión de los medios es el llamado ‘tráfico’: la difusión ciega de titulares a golpe de clics.

11 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Los ingleses, que le tienen un nombre perfecto a todo, o a casi todo, la llaman ‘la temporada idiota’: un mes entero del verano en el que no pasa nada y la gente está en otra cosa, y entonces los periódicos se llenan de noticias absurdas e historias alocadas que parecen ser las únicas que logran atrapar la atención dispersa del público o que por lo menos le dan un titular a quien las redacta en medio de la modorra de las vacaciones.

Lo mismo puede decirse del año nuevo: llega diciembre y es como si se acabara el mundo, todos bailamos hasta el 10 de enero, cuando la realidad se nos presenta otra vez con las cuentas por pagar en la mano: ese implacable acreedor que es la realidad, y nos quita de un golpe las cobijas, nos levanta del pelo, nos mete en la ducha fría, nos sienta y entonces empieza: luz, agua, teléfono, y lo peor: tarjetas de crédito.

Mientras, las noticias han sido todas intrascendentes. Nadie quiere ocuparse de ellas, ni sus protagonistas, ni sus redactores ni la audiencia, nadie. Este año, por ejemplo, o bueno, el año pasado, este año y el año pasado muchos medios revivieron la noticia falsa (aunque algunos querrían que no lo fuera, sobre todo allá) de que en el pueblo irlandés donde está la fábrica de viagra se da un fenómeno curiosísimo de erecciones colectivas.

Mientras, las noticias han sido todas intrascendentes. Nadie quiere ocuparse de ellas, ni sus protagonistas, ni sus redactores ni la audiencia, nadie.

La noticia es aún mejor: en Ringaskiddy –así se llama el pueblo, y el nombre es ya una fábula– los habitantes se quejan desde hace dos décadas de que gracias a los efluvios de la planta de viagra se da el caso de unas “erecciones masivas y espontáneas no solo en los hombres sino también en los perros”, como dice The Times de Londres. Un verdadero paraíso del amor y del placer, una ciudad siempre lista.

Lo curioso es que ya se ha comprobado que el mito de Ringaskiddy, mal que les pese a muchos y a muchas de sus ciudadanos y ciudadanas, no es cierto: su priapismo colectivo es más una ilusión y una esperanza que un hecho científico; además porque hasta donde se sabe (pero no ahondemos en detalles) toda erección suele ser espontánea, de eso se trata, si no qué gracia, tanto en perros como en humanos y otras personas.

Y sin embargo no hay cómo desactivar esa noticia prodigiosa que cada tanto, cuando en el mundo no hay nada más que decir, o cuando ya nadie quiere hablar de otra cosa, se reanuda y se riega como el fuego en pasto seco, sobre todo ahora que hay redes sociales e internet y que la obsesión de los medios es el llamado ‘tráfico’: la difusión brutal y ciega de titulares a golpe de clics; compartirlo todo, no importa qué.

Ayer, casi como despedida de las vacaciones, me llegó otra noticia incierta que habría sido mejor que no lo fuera, ojalá haya ocurrido de verdad: en la catedral de Santiago de Compostela fueron arrestados dos monaguillos que en vez de echarle incienso al famoso botafumeiro jacobeo, le echaron mariguana para la misa del Día de Reyes, el 6 de enero, y como dicen varios portales de prensa española, “la gente salió más risueña que nunca”.

Debe de ser lo que Coleridge llamaba “la suspensión de la incredulidad”, y que es el principio del arte y la ficción: nos asomamos a una historia (un relato) que nos conmueve o nos fascina tanto que nos despoja del sentido crítico y entonces le creemos a pies juntillas, la verdad se nos vuelve un acto de fe. Quizás como pasa hoy con tantas noticias, sobre todo de tipo político, a las que la gente se aferra como a un talismán.

Pero ya no es la ficción la que nos induce a la ‘suspensión de la incredulidad’, sino la realidad misma, que es un relato cada vez más caprichoso, tanto que ya nunca sabemos dónde están los límites entre el delirio y la verdad.

Como si la temporada idiota no fuera durante sino después de las vacaciones.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

Columnistas

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