El pensamiento delirante

El pensamiento delirante

Eso es el pensamiento delirante: aferrarse a una caricatura arbitraria y ciega de todo lo que existe, para hacer trinchera allí y creer que esa es la única imagen posible del mundo.

10 de agosto 2016 , 07:43 p.m.

Se está imponiendo en el mundo, o está regresando, o es que nunca se fue, la peor forma que pueda haber de acercarse a la gente y a las cosas, la manera más estúpida de explicarlas y entenderlas, porque además es todo lo contrario. Se trata de una absurda lógica que podríamos llamar el ‘pensamiento delirante’: el nivel más bajo, y a la vez más avanzado, del pensamiento humano.

Como si la evolución de nuestra especie no fuera lineal y progresiva –que además no lo es, nunca lo fue– sino más bien laberíntica y caótica, en espirales que a veces nos producen la amarga certeza de que cuanto más avanzamos, más retrocedemos también; cuanto más adelante estamos en el tiempo, más atrás pareceríamos encontrarnos en lo que se refiere a aspectos fundamentales de la vida.

Por eso digo que no sé si el pensamiento delirante se está imponiendo como una novedad y una etapa avanzada y lamentable del pensamiento humano, o si es solo una involución y un retroceso, o si es la confirmación de lo que siempre hemos sido y todo lo bueno de la historia tuviera que verse más bien como una excepción y un milagro: como una ruptura episódica de nuestra estupidez y nuestra perversidad sin remedio.

Pero sea lo que sea, está muy claro que en el mundo (e incluso en otros países como Colombia, diría el gran Sofocleto), en el mundo es cada vez más la gente que decide que su ‘pensamiento’ no tiene por qué tener un sustento racional o lógico o sensato, o ni siquiera un sustento real. No: gente que decide, y además con gran orgullo, de manera consciente y deliberada, pensar contra las evidencias, contra la razón.

Eso es, en pocas palabras, el pensamiento delirante: aferrarse con el alma a una caricatura arbitraria y ciega de todo lo que existe –todo: el prójimo, la compleja realidad, las ideas, el pasado, etcétera–, para hacer trinchera allí y creer que esa es la única imagen posible del mundo, la única que hay y la única buena, justa y válida. Y cuanto más desquiciada y radical y caprichosa sea esa imagen, tanto mejor.

Por eso las discusiones públicas, o privadas, son hoy tan difíciles también: porque nadie se escucha, para empezar, nadie conoce la duda; pero además porque a una cantidad de gente le importan poquísimo los argumentos, o los datos, o los documentos o lo que sea, y mejor prefiere concebir su discurso como una pura ficción, solo que una ficción cierta y revelada, cuyas verdades son tan grandes que ni siquiera hay que demostrarlas.

Lo peor es que el pensamiento delirante no es patrimonio exclusivo de la religión y sus sectas, o de la política y sus sectas, o de la economía y sus sectas, o del arte y sus sectas, o aun de la ciencia y sus sectas (!). No. El pensamiento delirante florece por igual en todos esos ámbitos, como una maldición que consiste en lo que ya dije: pensar lo que a uno se le dé la gana, dar eso por cierto, y despreciar a quienes piensan diferente.

Ya no es ni siquiera el ‘pensamiento mítico’ que Ernst Cassirer, en 'El mito del Estado', resumió de forma perfecta en 1945 y contrapuso al ‘pensamiento racional’. El mito de la raza o del héroe, decía él, sublimado por la técnica hasta producir el totalitarismo y el horror. Tampoco es el surrealismo, una visión dislocada de la realidad con aspiraciones estéticas o filosóficas. No, tampoco es eso ni nada que se le parezca.

Es el pensamiento delirante en lo que estamos: gente, de lado y lado, que prefiere no pensar. Gente que solo ve lo que quiere ver, no importa qué tan ridículas sean sus ideas. Es más: es el ridículo como ideología, el ridículo y la desvergüenza. La locura.

La humanidad siempre feliz, siempre adelante. Cada vez más cerca del abismo.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA