Los libros y la basura

Los libros y la basura

El mundo es de estos empecinados como el ‘Señor de los libros’ que se la juegan por la cultura.

20 de junio 2018 , 08:10 p.m.

Colombia es un país que lee poco, entre otras cosas porque, al decir del público, los libros son muy caros como para hacer parte de la canasta familiar. Sin embargo, según crónica de Julián Vivas publicada en EL TIEMPO, hay un hombre, José Alberto Gutiérrez, a quien llaman el ‘Señor de los libros’, habitante de un barrio en las lomas surorientales de Bogotá, que lleva veinte años creando y nutriendo bibliotecas en la ciudad y en toda Colombia, con libros recogidos de la basura.

No lo hubiera creído, si yo mismo no hubiera vivido el caso. Días pasados me llamó un personaje desconocido para mí, pero que me manifestó admiración y aprecio, para decirme que en el depósito de basura de su edificio había encontrado una bolsa llena de libros en buen estado, marcados con mi exlibris y algunos de ellos dedicados, como 'Un viejo que leía novelas de amor', de Luis Sepúlveda, que estaba leyendo con entusiasmo, y que había hecho lo posible por conseguir mi número telefónico para ponerme al tanto del asunto, pues podía tratarse de un robo continuado de mi biblioteca. Haciendo memoria recordé que se trataba de un lote de volúmenes que una amiga me había solicitado para la escuela de su barrio, del que me había desprendido no sin dolor, en esas escasas purgas que debo hacer cuando ya no cabe un título más en casa.

Volviendo al ‘Señor de los libros’, su periplo es tema como para un cuento miliunanochesco. Como en la familia escaseaba el dinero para el mercado, la madre les leía cuentos infantiles para mitigar la fatiga, historias que a él le ponían a mil la imaginación. Empezó a trabajar como conductor de camión de una reconocida empresa de limpieza, de la que fue despedido por entretenerse demasiado con las basuras, cosa que sucedió cuando comenzó a encontrar multitud de volúmenes en medio de los desechos. Según nos cuenta el cronista, ha recuperado más de cincuenta mil ejemplares de libracos de diferentes temas, que ha cedido gratuitamente a centros comunitarios y escuelas. Y no son libros basura, hay verdaderos tesoros. Su ejemplo ha llegado a los oídos del mundo, en especial de entidades preocupadas por la cultura, que han posibilitado que el esfuerzo del ‘Señor de los libros’ se traduzca en una fundación, La Fuerza de las Palabras, a la que dedica todos sus esfuerzos, secundado por su señora y sus hijos.

La violencia se contrarresta con la cultura. Y la lectura es una de sus manifestaciones mayores.

Ahora ya no tiene que escarbar entre los desperdicios para rescatar los libros que botan los desagradecidos lectores, si es que los leen y no saben que aun los libros de segunda tienen un precio. Se sentía un héroe recobrándolos, como, según dice él, un Ulises rescatando a Penélope de sus acosadores sexuales y evitando la guerra en Ítaca. A costa de exterminar a todos los contrincantes, como desde entonces se estila.
Permanentemente recibe donaciones de personas y aun de empresas editoriales que le remiten lotes enteros. Para que continúe su labor de culturizar las comunidades citadinas, indígenas y hasta exguerrilleras. El ‘Señor de los libros’ considera que la lectura es un símbolo de esperanza y de paz. Del reducido espacio casero donde almacenaba los libros recuperados ahora aspira a construir, en el lote que le donó una empresa, cerca de su casa, una inmensa biblioteca museo, cuyo costo estimado es de 800 millones de pesos que, como buen esperador, él espera le caigan del cielo.

El mundo es de estos empecinados que se la juegan por la cultura, que aunada con el amor deviene en paz para el mundo. La violencia se contrarresta con la cultura. Y la lectura es una de sus manifestaciones mayores. Con mi inmensa biblioteca a cuestas, que comencé a edificar tomo a tomo con la plata de los buses y los helados, he tomado el camino del campo. A terminar de leérmela escuchando el canto del mirlo y el chirriar de los grillos, el mugir de las vacas y los ladridos del perro. Y entonando bienaventuranzas por aquellos que, como el ‘Señor de los libros’, nos reconcilian con la especie humana, a veces tan extraviada.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

Columnistas

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