El desarme de la fiesta

El desarme de la fiesta

Entendamos de una vez que estar por la paz no es estar con las Farc.

05 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Media Colombia está por la paz y la otra media la considera una farsa. ¿Quiere decir que esta prefiere los tiempos en que no se podía vivir? Si tras 52 años de guerra y 267.162 muertos la paz se firma, y la guerrilla concentrada termina de entregar las armas el 27 de junio, ¿por qué por lo menos la media Colombia pacifista y pacífica no encendió voladores y salió a la calle a tomar trago con banderitas para celebrarlo? A mí, por lo menos, nadie me invitó. Y prefiero beber en casa. Parece que para hacer manifestaciones de pasión política no hay que estar tranquilo, sino berraco.

Entendamos de una vez que estar por la paz no es estar con las Farc, como generalmente se desinforma, con intenciones que pueden resultar búmeran. Desde su fundación, las Farc trataron de mostrar que el enemigo del pueblo no eran ellos sino el Establecimiento, con sus desmedidos privilegios a la oligarquía dominante. Entre otros, la oreja mocha a la usurpación de las tierras, que fue la causa de la primera violencia, la de los chulos, cuya posguerra vino a ser esta guerra, la de las Farc. Ellos han pedido, como mínimo rescate de uno de sus iniciales ideales sociales, que estas vuelvan a sus legítimos propietarios, algo en lo que no pueden transarse los usurpadores del campo.

Parece que para hacer manifestaciones de pasión política no hay que estar tranquilo, sino berraco

No habría que llegar tampoco a los extremados comentarios del tozudo Alfredo Molano, de que “esa joda –la de la entrega de las armas– no es una fiesta para las Farc”, como transmite gemebundo citando al comandante Solís Almeida. Y al compartirnos su experiencia de contemplar en uno de los puntos veredales de entrega de armas, en el Cesar –armas que les habían costado tanto esfuerzo y tantos muertos–, cómo a los exguerrilleros les habían quitado los uniformes y ahora andan con comunes trajes de paisanos, casi que perdiendo su identidad. Y trata de conmover a la audiencia relatando cómo lloraban las guerrilleras al abandonar su fusil, al que limpiaban y consentían como a una muñeca y en las noches era su osito de peluche. No hay nada comparable a un guerrero bravo cuando la ternura se le alborota.

EL TIEMPO tituló, al otro día de la entrega, ‘Adiós a las Farc’. La columnista Yolanda Reyes lo consideró casi un menosprecio, como si los estuvieran tratando de “desaparecer”, pues con la paz, “las Farc llegaron para quedarse y convivir a nuestro lado”. Las Farc no, los exguerrilleros, pienso yo, con pleno derecho. Al entregar las armas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia desaparecen, por no corresponder a su rótulo. No harán política con ese nombre, de no ser que la sigla responda a otra formulación, algo así como Federación Altruista de Reconciliados con Colombia.

Eduardo Escobar, en su columna explicativa de por qué no hubo fiesta, profiere que el proceso no ha obedecido a ideales nobles de hacer historia, sino a vanidades de circo presidenciales. Hay que abonarle que terminara por expresar que “son preferibles una paz coja y un desarme relativo a una guerra, aunque sea imperfecta...”.

Si a la media Colombia afecta al proceso felizmente firmado la otra media la considera, temerariamente, farquiana, lo que estarían dejando en claro es que las antiguas Farc cuentan con la mitad del electorado, lo que demuestra la estupidez del razonamiento, cuando razona. En vísperas electorales, la que promete la paz en trizas solo espera “al que diga Uribe” para votar en las elecciones presidenciales. Ya un delfín azorado cantó que el presidente Santos y los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper –y por consiguiente, el fiel Serpa– se van a ir con De la Calle, quien sería el único que tendría el beneplácito de los actuales desmovilizados desarmados para salvar el proceso. ¿No implicaría que los del bando de la paz, para contrarrestar “al que diga Uribe”, saliéramos en masa a votar berracos?

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

Columnistas

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