¿Hasta dónde llegará Donald Trump?

¿Hasta dónde llegará Donald Trump?

El mandatario está dispuesto a cumplir sus promesas electorales a cualquier costo.

01 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Un mes después de haberse posesionado como presidente de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump está demostrando con sus actuaciones que lo que ofreció durante la campaña no fueron simples promesas electorales, sino un programa de gobierno estructurado para despertar en sus compatriotas el sentido de pertenencia. Desde el mismo día en que asumió el cargo, a través de resoluciones ejecutivas, el multimillonario que llegó a la Casa Blanca con un discurso xenófobo está haciendo realidad sus propuestas de convertir a Estados Unidos en un país libre de inmigrantes. Para cumplirlo, la semana inmediatamente anterior firmó la orden de acelerar los procesos de deportación de aquellos ciudadanos extranjeros que no tengan legalizados sus documentos.

Estados Unidos es un país de inmigrantes. Quienes han llegado a su territorio en busca del denominado sueño americano son ciudadanos que han contribuido al desarrollo de esa nación como fuerza laboral. Después de la Segunda Guerra Mundial, miles de europeos emigraron hacia este país porque les ofrecía oportunidades para superar el horror vivido en la época de Adolfo Hitler. Cuando en 1820 se produjo la primera migración a territorio norteamericano, protagonizada por los británicos, se abrieron las puertas para que personas de otros países buscaran en Estados Unidos ese espacio que les garantizara la supervivencia. Después, huyendo de las dictaduras, miles de latinoamericanos encontraron puestos de trabajo en esta nación.

En su campaña para llegar a la Casa Blanca, Trump expuso siempre el argumento “América para los americanos”. Fruto de la improvisación, su propuesta no caló en el alma de sus conciudadanos. Ellos saben que necesitan de los inmigrantes para seguir construyendo un país incluyente. Por esta razón, en varias ciudades de Estados Unidos se han visto nutridas manifestaciones en su contra. La primera fue la de las mujeres que salieron a las calles a gritar que Trump no era su presidente. Le cobraron así las revelaciones que varios medios hicieron sobre maltrato femenino y el poco respeto que durante la campaña mostró hacia este sector de la población. Trump desconoce que, con su mano de obra, los inmigrantes le han aportado al fortalecimiento industrial de su país.

Con la vinculación de 15.000 hombres que se encargarán de perseguir a quienes no han legalizado su situación, Donald Trump está enviando un mensaje a los inmigrantes: o se van o los deportamos. Cuando estos efectivos entren en servicio, las redadas en las calles para encontrar indocumentados serán constantes. Y los países de donde son oriundos quienes caigan en estas operaciones se verán en dificultades para recibir a sus ciudadanos. Lo grave es que quienes sean detenidos por las autoridades de inmigración no tendrán oportunidad de salvar el producto de sus años de trabajo. Trump, que empieza a ser señalado como el cruzado malvado, culpa a los trabajadores extranjeros de los bajos salarios. Se olvida de que su abuelo paterno fue un inmigrante.

Es una incógnita saber hasta dónde puede llegar el magnate en su propósito de perseguir a los inmigrantes. Para él, estos les están quitando puestos de trabajo a sus conciudadanos. Olvida que esa fuerza laboral es la que ha hecho posible el crecimiento industrial de Estados Unidos, que su país necesitó de ellos para construir el ferrocarril transcontinental y que cuando escaseó la mano de obra tuvo que recurrir a su vecino para fortalecer la producción agropecuaria, permitiendo que más de cuatro millones de mexicanos cruzaran la frontera con sus documentos en regla. Esto ocurrió, según el historiador Albeiro Valencia Llano, entre 1942 y 1964. Fue por esta época cuando millones de latinos llegaron buscando el paraíso. Y les abrieron las puertas porque necesitaban mano de obra barata.

Retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica es cerrar las puertas de ese mercado norteamericano a los productos de once países. Insistir en levantar un muro en la frontera con México es darle una bofetada a su principal socio comercial. Echar para atrás el ‘Obamacare’, que benefició a más de veinte millones de personas, es no demostrar sensibilidad social. Trump parece no medir las consecuencias de sus actos. Está dando muestras de autoritarismo e incitando a los estadounidenses a cerrarles las puertas a quienes han ayudado en la construcción de un país próspero. ¿Hasta dónde llegará Donald Trump? ¿Les apostará a las deportaciones masivas? Estas son preguntas que nadie se atreve a responder. Las actitudes de este narciso son impredecibles.


JOSÉ MIGUEL ALZATE

Columnistas

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