Fernando Ayala Poveda: escritor de prosa alegre

Fernando Ayala Poveda: escritor de prosa alegre

Nadie como este escritor se ha aproximado al fenómeno de la violencia partidista que vivió el país.

06 de febrero 2017 , 12:01 a.m.

Mi primer contacto con la obra literaria de Fernando Ayala Poveda se dio por allá a mediados de la década de los ochenta, cuando publicó su libro ‘Otto Morales Benítez: la palabra indoamericana’, editado en la colección Conozca a…, que publicaba la Dirección de Extensión Cultural de la Universidad de Antioquia.

Con ese corazón alegre que en vida caracterizó al ensayista caldense, una tarde nos invitó a su oficina del edificio Colpatria para que habláramos sobre literatura. Cuando llegué estaba allí, apoltronado en la recepción, esperando a que el exministro lo recibiera. Como yo ya había leído su novela ‘Mujer de magia negra’, no fue difícil acercarme al escritor nacido en Tunja, quien entonces se desempeñaba como profesor de la Universidad Central.

La lectura del libro sobre Otto Morales Benítez me permitió ahondar no solo en el pensamiento de uno de los más lúcidos humanistas colombianos, estudiado con fascinación por Ayala Poveda, sino comprender la profundidad analítica de un escritor que penetra con fuerza conceptual en la obra del autor examinado.

Fernando Ayala Poveda, graduado en Educación y Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, encontró en la obra múltiple del ilustre riosuceño a un escritor de “prosa maciza, integral, llena de matices poéticos, narrativos y descriptivos”. Para él, el autor de ‘Muchedumbres y banderas’ asumió el ensayo como una especie de linterna de Diógenes para buscar las raíces mestizas en el alma del hombre latinoamericano.

Mi admiración por la obra narrativa de Ayala surgió después de leer su novela ‘La década sombría’. ¡Qué lenguaje tan exquisito el que campea en este libro! Basta leer el primer párrafo para advertir ese manejo delicado de la prosa, esa estética en la construcción de las oraciones, esa fuerza expresiva que tienen las frases, esa densidad que hay en los diálogos. El suyo es un estilo depurado. Su narrativa está trabajada con precisión artística, con poder de convicción frente al lector, con sorprendente encanto literario. Leamos, para comprobarlo, esta frase: “Magdalena desanudó su gozo con un suspiro y el hombre la acarició con ternura. Giró de medio lado y le tomó las manos. Quiso por un momento hacerla más suya pero las manos frías de la mujer disiparon su tentativa”.

El descubrimiento de Fernando Ayala Poveda como escritor fue para mí revelador. Por allá a principios de la década de los noventa estaba yo escribiendo un ensayo sobre la novela de temática social en Colombia y, para sorpresa mía, me encontré con un libro que me abriría opciones investigativas: ‘Manual de literatura colombiana’, publicado por Educar Editores. Jamás pensé que además de excelente narrador, Ayala fuera un profundo investigador de la literatura colombiana. Este libro, que se ha convertido en un texto indispensable para conocer todo el proceso literario que se ha dado en Colombia, es en mi concepto el más logrado compendio sobre lo que ha sido la literatura colombiana desde los tiempos de la Colonia.

Hay una constante en su narrativa: su enfoque sobre la violencia partidista que vivió el país. Nadie como este escritor boyacense se ha aproximado tanto a ese fenómeno social, el cual, para poder alcanzar la convivencia pacífica entre los dos partidos, motivó la creación del Frente Nacional. ‘La década sombría’ es una radiografía del enfrentamiento entre liberales y conservadores, escrita en una prosa exultante, con una técnica impecable, donde la palabra fluye con una fuerza expresiva que impresiona al lector por la cruda exposición de esa violencia que padeció Colombia. Aquí se novela sobre cómo los alzados en armas huyen de la persecución del Estado. El ritmo narrativo hace que el interés en la lectura vaya en aumento, como un imán que atrae al lector.

Ahora, Ayala nos sorprende con ‘La guerra de los violines’, una novela que, según Jorge Iván Parra, “es un baúl al que le cabe de todo: historias de familia, persecuciones, travesías, dramas personales y tragedias sociales”. En esta obra, el autor mezcla hábilmente lo ficticio con lo real en un relato con referencias históricas y un fondo musical que va mostrándole al lector esa violencia que dejó tantos dolores empozados en el alma de cientos de colombianos. Durante más de treinta años, el escritor trabajó en esta novela, que rinde tributo de admiración a Frida Kahlo a través de un personaje, Francis Abril, que es la simbolización perfecta de esas mujeres que luchan por la libertad. Esta es una novela polifónica donde los grandes protagonistas son el lenguaje y la música.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

Columnistas

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