El discurso xenófobo de Donald Trump

El discurso xenófobo de Donald Trump

¿Interpretó Donald Trump el sueño de los americanos de tener un país solamente para ellos? Es posible que sí.

28 de noviembre 2016 , 06:12 p.m.

Quince días después, el mundo no sale de la sorpresa por la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, alcanzada contra los pronósticos de los medios de comunicación. Los analistas, mientras tanto, siguen haciendo conjeturas sobre las razones que llevaron a los norteamericanos a depositar su voto por el candidato menos preparado para regir los destinos de la gran potencia. El hecho de que un hombre sin experiencia en la administración pública obtuviera más votos que una mujer fogueada en posiciones de responsabilidad es expresión de lo que está pasando en el mundo en materia política. Que no es otra cosa que un rechazo a los discursos tradicionales. Trump se dio cuenta de que un discurso políticamente incorrecto podía favorecerlo. Y así fue.

Lo primero que uno puede pensar sobre los resultados del debate presidencial en los Estados Unidos es que el discurso xenófobo del magnate Donald Trump caló hondo en el alma de los americanos. Ninguna otra explicación se le puede encontrar a un debate donde todo apuntaba a que la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, ganaría por holgada diferencia. Sobre todo después de que los debates en televisión entre los dos aspirantes al primer cargo de esa nación le dieron a la ex primera dama los mayores puntajes. Nadie daba nada por el triunfo de Trump después de los debates. En opinión de los analistas, por sus propuestas, la señora Clinton fue la ganadora. Pero en la elección de delegados al colegio electoral el magnate arrasó.

La primera demostración de xenofobia por parte de Trump se dio cuando se expresó en duros términos contra los mexicanos. Decir que de México no llega a su país lo mejor, sino gente con problemas, que solo lleva droga, prácticamente es señalarlos como narcotraficantes. Y acusarlos de violadores, como lo hizo en un discurso, es estigmatizarlos. No se puede jugar así con la dignidad de un país. Lo grave es que al referirse en estos términos a los mexicanos, está generalizando sobre los latinos. La idea de levantar un gran muro en la frontera con este país es una provocación contra los habitantes de una nación que tiene con su vecino un comercio dinámico. Estas palabras del hoy presidente electo hacen pensar en que a los mexicanos no les va a ir bien bajo su gobierno.

A falta de un discurso claro sobre los problemas del país, donde expusiera sus planes para consolidar el liderazgo internacional, en su campaña Donald Trump recurrió a las frases desprovistas de contenido ideológico, incitadoras contra los inmigrantes, calculadas para producir un efecto electoral. Eso de repetir a cada instante que Estados Unidos era para los americanos produjo en los electores un efecto: convencerlos de que ellos eran dueños de su país y, por lo tanto, la inmigración amenazaba con robarles espacios. La política que en este sentido pretende alejar a los inmigrantes del territorio estadounidense. Así lo dijo, al hablar sobre la seguridad, en una entrevista concedida a Fox News.

¿Interpretó Donald Trump el sueño de los americanos de tener un país solamente para ellos? Es posible que sí. Recuérdese que en una oportunidad se atrevió a decir que aborrecía a quienes no hablaban un perfecto inglés, añadiendo de paso que no le gustaban esos americanos que pronunciaban bien el español. Incluso llegó a hablar mal del entonces candidato Jeb Bush, porque además de hablar un correcto español, estaba casado con una mujer de origen latino. Su frase “este es un país donde hablamos inglés, no español” fue una ofensa contra la población latina, que en Estados Unidos es inmensa. En este sentido, puede decirse que no acepta la mezcla de culturas. Algo parecido a la aversión que siempre expresó Hitler por los judíos.

Las incógnitas que la elección de Donald Trump ha despertado en todo el mundo tienen explicación. Regirá los destinos de la nación más poderosa un racista que no sabe medir el alcance de sus palabras. Y no es solo por su xenofobia, lo es también por el poco respeto que durante la campaña demostró por la mujer, por su posición amenazante sobre la producción petrolera y por su forma de expresarse sobre el gigante chino. Los americanos solo se centraron en su discurso contra los inmigrantes, y no en lo que dijo sobre temas delicados. Ojalá que ya como presidente, Trump cambie el tono de su discurso y se fije en el daño que pueden hacer sus palabras. Decir, después de la muerte de Fidel Castro, que revisará lo logrado en la relaciones con Cuba, suena amenazante.


José Miguel Alzate

Columnistas

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