NO vote contra SÍ mismo

NO vote contra SÍ mismo

Si usted no ha decidido su voto, todavía está a tiempo de hacerlo en el sentido histórico correcto.

27 de septiembre 2016 , 05:07 p.m.

Las últimas encuestas sobre el plebiscito pronostican un triunfo holgado del ‘Sí’, inédito en la historia reciente de Colombia, que se ha caracterizado por márgenes estrechos de diferencia entre las alternativas electorales propuestas. Sin embargo, cabe preguntarse por qué cuando se les pregunta a los colombianos si quieren disminuir significativamente los niveles violencia en el país, todavía existe gente que dice ‘No’, es decir, personas que votarán contra sí mismas.

A nadie le conviene que continúe la guerra en Colombia: en términos políticos, económicos, pero especialmente humanitarios, solo representa pérdidas para sus protagonistas. Sin embargo, el fenómeno de las ‘pseudoidentidades políticas’ ilustra lo vacía de contenido que puede llegar a estar la democracia, como consecuencia de la irracionalidad tanto de la militancia partidista como del sentido del sufragio. Las ‘pseudoidentidades políticas’ son fabricadas por los partidos y otras organizaciones como las religiones, los movimientos populistas, los nacionalismos o los personalismos mesiánicos, y se caracterizan por inducir a las personas a actuar en contra de las necesidades e intereses más obvios que expresarían si fueran dejadas a su suerte.

Millones de personas votan en el mundo por candidatos u opciones electorales que representan intereses contrapuestos a los que les convendrían por su condición social: homosexuales que apoyan partidos conservadores o de ascendiente religioso que los discriminan, mujeres que sufragan por grupos políticos machistas, trabajadores en condición de precariedad social con ideologías de derecha, clases medias que impulsan plataformas políticas de desmonte del Estado de bienestar, o colombianos que apoyan la continuación de la guerra, entre otras incongruencias, son tendencias electorales presentes en casi todas las democracias.

El caso más reciente de “tiro electoral masivo en el pie” fue el brexit, una consulta popular en la que la mayoría de los británicos apoyaron la salida del Reino Unido de la Unión Europea, obviando el debate sobre el cataclismo económico que generaría. Es inolvidable el titular en The Washington Post al día siguiente: ‘Los británicos están buscando frenéticamente en Google qué es la Unión Europea, horas después de votar dejarla’. Azuzados por sentimientos xenofóbicos, muchos ingleses terminaron votando emocionalmente contra sus propios intereses: en varias regiones del país, la mayoría votó por dejar la UE no obstante ser beneficiaria directa de sus subsidios y tener un bajo número de inmigrantes. Otro dato terrible pero esclarecedor es la baja escolaridad de los electores que votaron a favor de la salida: entre las personas con bachillerato, el apoyo fue del 66 por ciento, mientras entre quienes tienen título universitario fue de apenas el 29 por ciento.

La ignorancia también explica el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos. El hallazgo sociodemográfico más revelador sobre los votantes que lo apoyan es que la mayoría son blancos con ingreso alto pero baja educación, que viven en lugares donde la población de inmigrantes es insignificante. Esto indica que quienes más temen a la diferencia son los votantes desinformados, aquellos que no conocen de primera mano la riqueza que representa para cualquier país una población diversa. En otras palabras, la ignorancia es el principal combustible del voto contra sí mismo.

Algo similar ocurrirá en el plebiscito por la paz. La minoría que aún promueve el delirante ‘No’ está conformada sobre todo por belicistas de sillón. Gente que no ha vivido en persona los horrores de la guerra, nunca ha empuñado un arma en combate (empezando por el expresidente Álvaro Uribe y sus alfiles del Centro Democrático) y por ende se da el lujo de cometer la irresponsabilidad de patrocinar más violencia a costa de vidas ajenas. Incluso las víctimas de las Farc han venido entendiendo que el dilema real que se les plantea en las urnas no es entre paz e impunidad, sino entre guerra con impunidad total y paz con algo justicia.

Por fortuna, las encuestas registran que Álvaro Uribe no logró sabotear la paz a punta de mentiras. Su popularidad viene en declive y su discurso de odio se ha debilitado para ceder frente a la racionalidad y las ansias de reconciliación. Los electores han procesado paulatinamente que la decisión que se tomará el próximo domingo no es un asunto de lealtades políticas personalistas, sino una oportunidad histórica para que el país salte de la violencia al desarrollo.

Si usted no ha decidido su voto, todavía está a tiempo de hacerlo en el sentido histórico correcto. Si no lo mueven fines altruistas, al menos vote ‘Sí’ con un móvil egoísta igual de legítimo: vote para ayudarse a usted mismo, para que disminuya la violencia y este país sea más próspero. Dese cuenta de que el ‘No’ en realidad es una campaña pro-Farc: es la campaña de quienes están luchando desesperadamente para que no se acaben y sigan matando.


José Fernando Flórez Ruiz

Abogado y politólogo@florezjose

Columnistas

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