Manual para leer encuestas electorales

Manual para leer encuestas electorales

La desilusión con las encuestas proviene, en parte, de la mala comprensión de para qué sirven.

19 de febrero 2018 , 12:09 a.m.

Tres resultados electorales minaron la credibilidad global de las encuestas políticas en el 2016: el ‘brexit’, la victoria de Trump y el triunfo del No en el plebiscito por la paz. Sin embargo, esta mala reputación es injustificada.

En el ‘brexit’, los pronósticos estadísticos estuvieron dentro del margen de error frente a un resultado estrecho de 51,9 por ciento por la salida del Reino Unido de la Unión Europea contra 48,1 por ciento por su permanencia. En Estados Unidos, casi todas las encuestas registraron el triunfo en el voto popular de Hillary Clinton, quien obtuvo una mayoría del 48 por ciento, pero Trump ganó la presidencia con solo el 46 por ciento debido al sistema de voto indirecto y el colegio electoral estadounidense, que permite esta incongruencia. Por último, en el plebiscito colombiano del 2016, la única encuesta que siguió haciendo campo durante la última semana de campaña fue el Barómetro de las Américas (Encuesta Lapop), y por eso fue capaz de registrar el brusco giro en las preferencias que se produjo antes de la votación debido a la ira que desató la firma anticipada del Acuerdo Final en Cartagena seis días antes de las elecciones.

La desilusión generalizada con las encuestas no proviene entonces tanto de su baja calidad como de la mala comprensión de para qué sirven. Conviene precisar que las encuestas no sirven para predecir el futuro, sino apenas para aproximarse a lo que la gente dice que piensa en el presente, es decir, en el momento de realizarse la salida a campo para la recolección de los datos, lo cual no necesariamente coincide con lo que la gente realmente piensa, debido a diversos motivos que producen sesgos.

En las encuestas políticas, por ejemplo, la participación electoral siempre está sobrestimada por tres razones: en primer lugar, porque todas excluyen de su muestra a categorías de personas que es muy poco probable que voten, como por ejemplo los residentes de hogares geriátricos; en segundo lugar, porque quienes aceptan responder estas encuestas tienden a interesarse más por la política que el ciudadano medio y, por ende, es más probable que voten (la tasa de respuesta en el mundo ha venido bajando: hoy bordea el 30 por ciento porque a la mayoría de personas les da pereza responder encuestas); en tercer lugar, porque la deseabilidad de la respuesta a favor de la participación hace que algunos de los encuestados que no votaron, o no vayan a hacerlo, digan lo contrario para evitar ser estigmatizados como ‘malos ciudadanos’ si reconocen su abstencionismo.

Fuera de lo anterior, lo que más perjudica la reputación de las firmas encuestadoras en Colombia es la veda para publicar resultados durante la semana anterior a las elecciones presidenciales, establecida en la Ley 996 del 2005 supuestamente con el fin de proteger la independencia del elector. No obstante, el nefasto efecto real de esta medida ha sido la imposibilidad de validar la calidad de las encuestas y su poder predictivo. Mientras subsista esta prohibición, no será posible saber si las encuestas realmente ‘fallan’, pues es muy raro que las preferencias electorales no cambien durante la semana previa a elecciones, cuando más se intensifican las campañas.

Urge entonces que se levante esta prohibición. Además, porque en una buena interpretación de la norma que la contiene, la Ley de garantías electorales, la cual fue expedida para contrarrestar la ventaja del candidato-presidente cuando había reelección, no debería aplicarse en estas elecciones porque esta figura ya no existe en el ordenamiento colombiano.

Otras dos medidas que mejorarían sustancialmente la calidad de las encuestas y el acceso a la información del ciudadano son la autorización de las encuestas a boca de urna el mismo día de elecciones (que permitirían que el mercado de los encuestadores se autorregule en su calidad, porque un encuestador vive esencialmente de su credibilidad) y la exigencia de un mínimo de condiciones técnicas que deben reunir todas las encuestas electorales para ser más fiables, entre ellas:

1. El tamaño de la muestra no debería ser inferior a mil personas, el mínimo de robustez necesaria para representar el universo de votantes colombianos, que supera los 36 millones de personas.

2. Deben tener un cubrimiento geográfico de al menos 40 municipios e incluir ciudades intermedias y municipios pequeños. Las encuestas que se hacen solo en las cinco grandes cabeceras municipales no son representativas de todo el territorio nacional y presentan un sesgo grave porque Colombia, al contrario de otros países de América Latina, tiene ciudades intermedias muy pobladas y numerosos municipios pequeños con tasas de votación mayores que las de las grandes capitales. Solo cinco ciudades en Colombia tienen más de un millón de habitantes; alrededor de 20, más de 200.000 y el resto son municipios con menos.

3. Hay que exigirles a las firmas encuestadoras que la técnica de recolección de datos sea personal o mixta, pues las encuestas exclusivamente telefónicas, aunque son menos costosas, también resultan menos fiables porque aumentan la tendencia a mentir del encuestado y tienen sesgos en favor de los estratos altos (que tienen con mayor frecuencia teléfono fijo), así como de las personas que permanecen más tiempo en el hogar (amas de casa, desempleados, jóvenes, etc.).

La encuesta enteramente presencial también presenta problemas porque subestima a los habitantes de conjuntos cerrados en estratos altos, que prohíben el acceso de los encuestadores. Por esta razón, la mejor opción son los modelos mixtos, que contrarrestan las dificultades de cada tipo de encuesta. En este sentido, es necesario innovar con métodos de recolección de datos por internet y celulares. A este respecto, la legislación sobre ‘habeas data’ se ha convertido en el mayor obstáculo para que Colombia avance hacia sistemas más sofisticados y precisos de muestreo representativo.

Las encuestas tradicionales hoy están dejando por fuera amplios grupos poblacionales que resultan inaccesibles porque no permanecen en sus casas durante el día: gente que trabaja de sol a sol, jóvenes que trabajan y estudian, emprendedores que viajan con frecuencia, trabajadores nómadas… Cada vez hay más perfiles demográficos que solo van a dormir a sus casas. Las encuestas virtuales, que las personas pueden responder en función de su disponibilidad de tiempo, serían la solución a estos sesgos.

4. La existencia de pregunta filtro para sacar a los abstencionistas de la muestra sobre intención de voto. Una encuesta que no hace esta pregunta filtro no indaga por el universo que realmente interesa en temas electorales, que son las personas que realmente votan el día de elecciones y no las que están en capacidad de votar, pero no lo hacen porque son abstencionistas estructurales. Cuando una encuesta no le pregunta al potencial elector si ha votado en las anteriores elecciones como condición para tenerlo en cuenta en los cálculos de intención de voto, su capacidad predictiva se reduce a la mitad porque en Colombia hay un abstencionismo que oscila entre el 45 y el 60 por ciento.

5. Debe haber un mayor control sobre el diseño y presentación de los cuestionarios para prevenir el problema de las ‘preguntas con veneno’ o con sesgos que inducen ciertas respuestas. El orden en que se hacen las preguntas puede influir la forma como las personas responden. Cuando se pregunta por el ánimo respecto de cualquier fenómeno (la situación del país o la economía, por ejemplo), el candidato o personaje por el que se indaga inmediatamente después se ve afectado por la emoción que despertó la anterior pregunta.

Hechas las anteriores precisiones, no hay que olvidar que las encuestas no están en capacidad de medir muchos fenómenos que escapan a su metodología, como el voto vergonzante u oculto, la venta de votos y en buena medida la maquinaria electoral, que responde sobre todo a incentivos económicos el día de elecciones. En definitiva, no hay que pedirles a las encuestas más de lo que pueden dar, pero es importante aprender a interpretarlas porque son una guía imprescindible en cualquier democracia.

JOSÉ FERNANDO FLÓREZ
Abogado y Ph. D. en Ciencia Política de la Universidad París 2 Panthéon-Assas
En Twitter: @florezjose

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.