Expectativas engañosas
Por: JORGE RESTREPO |
Demasiados todavía se asombran con la perturbación, la violencia, la corrupción, sin interesarse en entender por qué. No obstante información y análisis abundantes, la opinión nacional reacciona por reflejos, por ejemplo exigiendo tercamente integridad a la politiquería u orden a una realidad que no puede proporcionárselos. Expresión común y poco fundamentada, la aspiración a "la Colombia que todos anhelamos" es ficticia e insensata dada la condición de la parroquia, y ni se diga cuando algo parecido se extiende al mundo. Si el origen de la barbarie y la crueldad extrema sigue en mucho como misterio, no lo es su costo en intranquilidad y desgracia, que van dejando heridas y cicatrices que solo ignora la mala fe; la violencia del medio siglo en Colombia, para traer un caso próximo, sigue actuando en la de ahora, por lo que es hipócrita la actitud frente a episodios sangrientos diarios, la delincuencia, la sinvergüencería, o sucesos como los del Cauca, con antecedentes de cerca de cinco siglos, manejados desde entonces con el mismo desenfoque de parte de la actitud política que los mantiene vigentes. De la llamada opinión calificada, de los dirigentes, si lo fueran en serio, debería esperarse que admitieran al menos que la misma política produce igual resultado.
No ha habido paz como tal, es difícil que la haya dadas las circunstancias, y, de no cambiar estas, no la va a haber de verdad; esperarlo es pensar con el deseo y engañarse con discursos de quienes son el primer obstáculo para que la hubiera real. No que no sean factibles y a veces alivio desarmes, armisticios, treguas, entregas, ambiguos y a la larga encubridores muchos, como la dictadura militar del medio siglo y el subsiguiente pacto de olvido bipartidista del Frente Nacional. Otra cosa sería admitir primero y remediar luego en lo posible causas de alteración constante, de daño permanente, beligerancia y violencia recurrentes en alguna parte, hay que reconocerlo al tiempo con abundancia de iniciativas en sentido contrario, impotentes a pesar de atenerse a resultados y a la tendencia dominante.
No hay interpretación contundente para verificación de lo anterior; filosofías y religiones la han intentado, pero desde abstracciones. Como progreso, pero solo recientemente, la ciencia hizo de la historia y del comportamiento humano un objeto, con lo que se han generado teorías, sin cuyo conocimiento ya no es posible opinar con autoridad sobre lo que sucede, lo que no se les ajuste, propaganda, sectarismo y sobre todo estupidez. Es también ese conocimiento, rudimentario aún, el que provoca pesimismo sobre la suerte de la especie; el ecológico, por ejemplo, reciente pero que alerta, inútilmente, sobre males irreparables a la naturaleza de la productividad irracional; así, economía o política que lo desconozcan, mienten sobre la viabilidad de la paz y el bienestar verdaderos.
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