Revolución o involución
Por: JORGE RESTREPO |
Distraída por la crisis europea, la opinión mundial le ha perdido atención a la llamada impropiamente 'primavera árabe', exactamente desde hace año y medio sucesivos levantamientos en diversos países del Mediterráneo africano y el próximo y medio Oriente, sin características muy precisas todos, pero con el rasgo común de revuelta contra regímenes autoritarios con fuerte presencia islámica; esto, clave a la vez del fenómeno y de su inquietante desenvolvimiento, todavía en transición, en Egipto, Libia, Túnez o Yemen, y en plena y sangrienta efervescencia en Siria y con conexión sin duda en Irak y Afganistán, y desde luego en el punto nodal del asunto, el palestino-israelí.
Pero que el islamismo sea protagonista y hasta ahora beneficiario de la insurgencia no permite pronóstico seguro en una región cuya importancia geopolítica sobra resaltar. Las tendencias musulmanas están lejos de ser uniformes porque va bastante del islamismo conservador en Turquía al de los ayatolas iraníes, los hermanos musulmanes o el salafismo egipcio, la secesión clásica de chiitas o sunitas en Irak, los talibanes afganos, hasta el yidaísmo en Palestina, Líbano y Al Qaeda. Esta diversidad se relaciona además con el compromiso o rebeldía de las varias corrientes frente a las dictaduras, que por otra parte condicionan actitudes hacia afuera motivadas por la indiferencia o apoyo de las potencias con ellas por interés geopolítico y desde luego energético.
La visita a Egipto de Hillary Clinton, tragándose el sapo de entrevistarse con el presidente de la Hermandad, quien ha dicho que el Corán es su Constitución, muestra el interés de EE. UU. de conservar su alianza con un poder vital en la región, primer beneficiario de su ayuda mundial, así como el temor de Occidente ante el fortalecimiento del fundamentalismo y la consiguiente contaminación de los ejércitos.
Tampoco es misterio lo que hay tras el apoyo de China y Rusia al régimen sirio; una misión de este país estuvo hace poco en Moscú de compras de armamento. Guardadas proporciones, el equilibrio mundial está tan en juego con la evolución europea como con lo que salga de la revuelta en un sitio neurálgico y rico.
Aunque terminara en sustitución de dictadores por regímenes de tipo iraní, quedan en marcha aspiraciones democráticas, sociales y de modernización en la condición de la mujer y la juventud, con presencia mayúscula en las movilizaciones y que no comulgan con que la revolución se vuelva involución a oscurantismo autoritario. Hay en la región restos de nacionalismo, el del nasserismo en Egipto, mezclado con socialistoides de partidos reinantes en Siria o Irak, más minorías no identificadas con la mayoría integrista y grupos de inspiración nueva surgidos con la agitación, como también bastiones como los militares ligados a los dictadores, poco amigos de aperturas que perjudiquen sus privilegios y destapen sus atropellos. Así que lo único cierto es lo incierto porque aunque nada vuelva a ser como antes, todo podría ser otra vez igual.
Jorge Restrepo
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