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Se trata de valores, no de colores (opinión)

Por: POR JORGE BARRAZA PARA EL TIEMPO | 8:15 p.m. | 17 de Abril del 2011

"Ultrabarcelonista", "Falto de imparcialidad", "Argentino de m..." En lugar de utilizar la red de Internet para debatir ideas, el público -mayoritariamente- aprovecha el anonimato de los foros para descalificar al cronista, insultar a otros lectores o despotricar contra todo.

La gente flota en una fantasía: todo está amarrado. Los partidos, los jugadores, los periodistas. Ante cualquier apreciación del cronista viene la réplica del internauta: "Claro, porque a usted le paga fulano..."

Siempre sostenemos que en el fútbol hay más boca sucia que suciedad. ¿Quién es capaz de entrar a un vestuario de fútbol y decir "muchachos, hoy hay que ir para atrás"...? No lo imaginamos. En tantos años de fútbol no hemos sabido de algo así. Sólo una vez se conoció un pacto aberrante, en el Mundial-82, entre Alemania y Austria. Austria aceptó perder 1-0 con tal de que clasificaran los dos a segunda ronda. Nadie lo negó.

Lo mismo acontece con la prensa. "Al diario le conviene vender esto...", "Los medios buscan entronizar a aquel..." Mitos. Definitivamente, el hombre común descree del ambiente; odia a los dirigentes, aborrece a los periodistas, se indigesta con los entrenadores y... piensa que los futbolistas son unos cándidos sujetos a quienes todos explotan y maltratan.

El duelo Barcelona-Real Madrid se ha convertido en más que un partido de fútbol, que una rivalidad y que dos camisetas en pugna. El hincha es hipersensible a toda opinión que se deslice al respecto. Pero ocurre que el periodista, sin perder objetividad, debe tomar partido.

El Barcelona de hoy, este fenomenal ballet creado por Josep Guardiola, es una escuela de valores. Más allá del indiscutible placer visual que genera, de los títulos conquistados, transmite sentimientos nobles: su respeto al buen fútbol, al juego limpio, a los rivales, la línea de educación y tolerancia que baja su entrenador hacia el plantel en cada declaración, el hidalgo manejo en todo sentido.

El Real Madrid fue posiblemente el equipo más popular del mundo durante medio siglo. Un club querido, admirado. Luego entró en una era de arrogancia deportiva, en la soberbia de los millones. Se volvió antipático. Hoy representa la antípoda del Barcelona.

La gente suele no advertir que un equipo que trata de generar un buen espectáculo está defendiendo el dinero de su entrada. Cree que todo es cuestión de camisetas. Ojalá un día el Real Madrid decida cambiar totalmente su política y contrate un Guardiola. Ese día seremos fervorosos hinchas merengues. No lo ocultaremos, lo gritaremos. Pero se trata de valores, no de colores.

Por Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

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