Los porqués de algunas cosas importantes

Los porqués de algunas cosas importantes

El requerimiento de predios para la construcción subterránea del metro es muy superior y más costoso

10 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Dos asuntos tratados en EL TIEMPO el domingo 21 de enero de este año me indujeron a explicar, en palabras para el amplio público, las razones que se han tenido para definir que así sean. Son el metro de Bogotá, tratado en columna de opinión por el muy conocido consultor y exrector de la Universidad de los Andes Carlos Angulo G. y las fuentes de energía para generación de electricidad y otros temas conexos, que fueron respuestas del ministro de Minas y Energía, Germán Arce, a una entrevista de Yamid Amat.

Sobre el metro, quiero complementar las informaciones y los comentarios muy acertados de Carlos Angulo sobre la indiscutible necesidad de ese medio de transporte masivo, sus efectos transformadores, culturizantes, de servicio a la comunidad y de solución definitiva del grave problema que desde hace mucho tiempo afronta esa gran urbe que es la capital. El complemento consiste en las razones que mantengo en mi mente para sustentar lo que proponíamos hace unos veintidós años desde mi firma de consultoría, con el apoyo de la británica Halcrow Fox, al alcalde Jaime Castro.

No recuerdo si el trazado era exactamente igual o muy parecido al que hoy se contrata para el trayecto avenida de las Américas- calle 72. Pero el punto central es que lo recomendado era el sistema elevado. Lástima que no se haya tomado la decisión en los años subsiguientes, posiblemente influenciada por los menores costos de TransMilenio en ese momento.

No es válido afirmar, como lo hace el señor ministro Arce, que “dependemos mucho del agua que está en la misma cuenca”.

Los porqués del metro elevado son muy claros. Por una parte, y muy importante, es sabido que los suelos de la Sabana son como mantequilla, muy blandos para soportar sus construcciones y estructuras. Por otra, el requerimiento de predios para la construcción subterránea es muy superior y más costoso. Habría que afectar y tumbar muchos edificios valiosos. Y, para completar, los servicios públicos de Bogotá (energía, telefonía, acueducto y alcantarillado) han sido prestados por entidades independientes y nadie tiene los planos completos de sus redes, lo que abre una incógnita grande y un ítem de costos muy difícil de presupuestar y, por lo tanto, de controlar. Toda esta problemática conduce además a alargar los tiempos de ejecución, que también son costos mayores.

Y ahora, algunas anotaciones sobre los porqués de las fuentes que utilizamos para generar electricidad. En primer lugar, las centrales de generación hidráulica de tamaño significativo en el conjunto nacional están donde están porque, al tomar la decisión de desarrollar cada una, fueron siendo las que tendrían el mínimo costo por kilovatio/hora que debería generarse cuando entraran en operación. Por acción deliberada, para diferenciar y complementar las cuencas (caso Chivor en la vertiente a los Llanos Orientales y San Carlos en la del Magdalena medio occidental), afortunadamente reforzadas por algo de coincidencia con otros factores determinantes, otras centrales como Guavio, las del río Bogotá, Sogamoso, Betania, El Quimbo, Anchicayá, Salvajina, Urrá, Porce II y ahora, pronto, Ituango están en y dependen de cuencas hidrográficas muy dispersas y de regímenes de lluvias muy diferentes.

Así que no es válido afirmar, como lo hace el señor ministro Arce, que “dependemos mucho del agua que está en la misma cuenca”. Aunque no por ello se escapan del todo de los fenómenos del Niño y la Niña, como sucede en el mundo entero.

Tampoco es válido responder a la pregunta de si la priorización de fuentes renovables no convencionales... y la creación de un mecanismo de contratos de largo plazo no desestimulan la inversión en hidráulicas y térmicas, con que “no, porque las inversiones que hay hoy ya las pagaron los usuarios, y estas son nuevas inversiones”. Con todo respeto afirmo que eso no es así, porque las tarifas se determinan por competencia en el mercado de energía, y no mirando las inversiones ya hechas.

JORGE EDUARDO COCK

Columnistas

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