Un delicioso aperitivo antes del Mundial

Un delicioso aperitivo antes del Mundial

La Copa Confederaciones es un magnífico adelanto de lo que será el supertorneo del año próximo.

19 de junio 2017 , 03:17 a.m.

“Así como la Copa Confederaciones de 2005 le sirvió a Alemania para demostrar en 2006 que era un país que podía ser amable y, además de eficiente, un anfitrión cálido, a Rusia le puede venir bien este torneo para reflejar ante el mundo que no es una nación de ogros ni de mafias. La gente es muy amable aquí, muy tranquila”, nos dice Eduardo Pereira, colega argentino presente en el cotejo inaugural en el que Rusia venció 2-0 a Nueva Zelanda. En sus primeros partidos, la Copa Confederaciones 2017 empieza a mostrarse como un excelente aperitivo del Mundial que se realizará el próximo año. Atractivos los partidos, precioso el marco. Rusia muestra su grandeza y garantiza que todo estará listo en tiempo y forma.

Un evento que le sirve a Rusia para ajustar mecanismos organizativos, corregir detalles, calibrar lo que será la llegada de cientos de miles de personas. No mucho más. Lo esencial ya está. Es la eterna diferencia entre Europa y los países en desarrollo. Así como en Brasil 2014 los pintores trabajaron hasta el momento de rodar la pelota, la Fifa no tiene preocupación ninguna por Rusia 2018.

Chile, Portugal, Camerún, Australia, México y Nueva Zelanda, los seis titulares continentales, más el campeón del mundo ―Alemania― y el dueño de casa ―Rusia― animan una excelente ‘avan premiere’ de lo que será el Mundial del año próximo. Y toman ventaja del resto: a un año de la Copa del Mundo, sus técnicos tienen la inmejorable ocasión de contar con sus jugadores durante cuatro semanas y definir ‘in situ’ toda la logística para el torneo: lugar de concentración, centros de entrenamiento, comprobar cómo será el clima, la alimentación, traslados, etc.

San Petersburgo (sede del partido inaugural y del final de este torneo), Moscú, Sochi y Kazán son los cuatro puntos que albergan la Confederaciones. Los cuatro están también entre los 12 que hospedarán el Mundial y han presentado estadios fantásticos, modernísimos.

“Rusia nos asombra a cada paso, es una superpotencia, un país inmenso y con un orden que a los suramericanos nos lleva a pensar en lo lejos que estamos. Las ciudades son espectaculares, hermosas. San Petersburgo es impresionante, llena de edificios monumentales y con una limpieza como jamás vi, ni siquiera en Japón o en Alemania. Es increíble ver una urbe de este porte y no encontrar siquiera un mínimo papelito en el suelo”, agrega Eduardo, quien ya tiene cinco mundiales en el currículum, varias Copas América, mundiales juveniles; está autorizado para comentar.

Gianni Infantino está exultante: en su primer mundial como presidente de Fifa no debería tener dolores de cabeza. Rusia tiene toda la infraestructura, y el Mundial bien podría ser este, un año antes; el resultado sería fantástico: no falta nada. Sin embargo, voces cercanas cuentan que el gran jefe del fútbol quiere eliminar esta Copa Confederaciones: mucho gasto para Fifa y satura el calendario; los clubes se quejan de que los jugadores están sobrecargados. Para el anfitrión, en cambio, es un maravilloso banco de pruebas. A colación de los atentados que está viviendo Europa, la seguridad será la inquietud central de Vladimir Putin y los jerarcas del fútbol. “Pero la revisión que te hacen en migraciones y aduana al llegar a este país es terrible. Ponen buena onda, pero el control es extremo”, cuenta Eduardo, director de Bitbol.com.

Rusia (una buena Rusia) venció cómodamente 2-0 a Nueva Zelanda (los Kiwis deben jugar ante Islas Salomón la final de la zona de Oceanía de la eliminatoria; se supone que deberían ganar, con lo que enfrentarán al 5.º clasificado de Suramérica por el repechaje mundialista). En intenso y atractivo choque, México y Portugal igualaron en dos goles, con Cristiano Ronaldo en el campo como gran estrella (dio una asistencia preciosa en la primera anotación de su equipo). Y Chile superó sin problemas a Camerún 2-0. El juego no desentonó con la puesta en escena.

La nota polémica es la aplicación del VAR, el videoarbitraje que decide las jugadas dudosas. Todo el mundo se quejó de su mala aplicación, aunque debe admitirse que en las tres intervenciones que tuvo, acertó. Dos fueron goles anulados a Portugal y a Chile, y una tercera en la cual se analizó el segundo tanto portugués y finalmente se lo concedió. La novedad es que, a diferencia de lo que se había dicho en un comienzo, el referí del encuentro ya no tiene participación en la decisión. Primero se había asegurado que la última palabra siempre era del árbitro principal, quien debía ir a un costado y mirar la acción en un monitor; ahora ni le muestran las jugadas. El árbitro de video, un juez internacional que está en una cabina con dos asistentes, mira las jugadas y cuando una acción no lo convence del todo hace detener el juego mediante un intercomunicador con el juez, y desde fuera dice si fue gol, si es penal, si hay que expulsar. Con lo cual, el árbitro deja de ser la máxima autoridad.

El reclamo de tecnología en el fútbol fue apabullante en los últimos años, por la cantidad de fallas referiles; ahora está el video, y cuesta acostumbrarse. Será cuestión de darle tiempo para ver su evolución. El objetivo debe ser siempre reducir el margen de error y acertar en las incidencias claves. Si se logra, bienvenido. Lo que está claro es que la Fifa ya se decidió y el video no tendrá vuelta atrás. En muy corto plazo lo tendremos en nuestra Copa Libertadores. Ya lo anunció el presidente de la Conmebol.

La pregunta que le formulamos a Eduardo, nuestro espontáneo corresponsal, es por qué si todo es tan desarrollado y moderno, Rusia no había organizado un mundial de fútbol. Su respuesta:

—Rusia no siempre tuvo este estado de bienestar. Y las sedes se solicitan con mucha anticipación. Este es su momento, no antes. Y hay otra razón, mucho más poderosa: no es un país futbolero. Ayer, con ceremonia inaugural y con la selección rusa abriendo el torneo, apenas se vendieron 51.251 entradas en un estadio para casi 70.000.

A propósito, el flamante estadio Krestovski, propiedad del Zenit FC de San Petersburgo, costó 1.100 millones de dólares, una cifra que no parece importante en la gigantesca patria de Dostoievski. Y nadie saldrá con pancartas a quejarse por los gastos mundialistas. Es otro mundo, otra mentalidad. Y otro poderío.

JORGE BARRAZA

Columnistas

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