Borja-Rueda, cuando los premios sí importan

Borja-Rueda, cuando los premios sí importan

La distinción a Borja, a Nacional y por extensión a el fútbol colombiano no es un detalle menor.

02 de enero 2017 , 04:41 p.m.

“En Brasil no interesa la Libertadores”, fue un latiguillo, surgido desde el mismo fútbol brasileño y que imperó durante muchos años. Un eufemismo para ocultar una realidad: no la podían ganar. O les costaba. Desde 1960 a 1992 solo festejó cinco títulos, y muy espaciados. En esos tiempos, argentinos y uruguayos poseían grandes equipos y se mentalizaban para conquistar la Copa. Las figuras permanecían años en Suramérica y, como en el caso de Uruguay, la moneda era fuerte, lo que les permitía fichar grandes ‘cracks’ internacionales como Spencer, Joya, Lezcano, Manga, Elías Figueroa, Ermindo Onega, Artime… Y además retener a sus pesos pesado tipo Mazurkiewicz, Forlán, Ubiña, Anchetta, Goncálvez… Armaban verdaderos escuadrones y era difícil vencerlos. Uno sabía que con Peñarol, al menos en semifinal, inevitablemente debía toparse; saltar esa valla era una empresa para la que solo el Santos de Pelé en su máximo esplendor estaba habilitado. Y hasta ahí… En 1965 tuvieron tres encontronazos de aquellos… Santos 5 - Peñarol 4, Peñarol 3 - Santos 2 y Peñarol 2 - Santos 1. Atención: la delantera santista era Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe. Y al Santos no se le ganaba atropellando nomás…

Luego aparecieron el Estudiantes de Verón y Zubeldía y el Independiente de Bochini, Bertoni, Pavoni; la Libertadores seguía siendo una cumbre complicada de escalar.

Mario Gobbi, un sujeto muy agradable, presidente de Corinthians cuando el popularísimo club paulista alcanzó finalmente la Libertadores en 2012, nos confesó: “Esto es la gloria; ahora la historia corinthiana se divide en dos, antes y después de la Copa. Entramos en otra era”. Luego agregó que estaban todo el año pensando en clasificar a la Copa. Ergo: siempre les interesó, antes les resultaba difícil.

Algo similar acontece con Atlético Nacional. Siempre estuvo subyugado por ese trofeo; muchas veces quiso y no pudo. Entonces asomó la leyenda urbana de que la Copa es imposible, que todo está amañado. Pero cuando armó un plantel magnífico, contó con un excelente entrenador e hizo las cosas bien, fue campeón. No hubo fuerzas ocultas ni tramas subterráneas que se lo impidieran. Hay un hilo conductor en las dos conquistas albiverdes: la calidad de los protagonistas. Los técnicos, Maturana y Rueda. Los jugadores, Higuita, Perea, Andrés Escobar, Leonel Álvarez, Alexis García, el ‘Palomo’ Usuriaga, John Jairo Tréllez en el ’89, Armani, Dávinson Sánchez, Alexis Henríquez, Macnelly Torres, Alejandro Guerra, Berrío, Borja en 2016. Y aun con todo su potencial, en esta última gloria debió extremarse al límite ante rivales como Rosario Central o Independiente del Valle. Como hace 27 años, debió lidiar frente a un Olimpia indomable, que fue tres años seguidos finalista. Nadie gana un torneo tan largo y complejo por casualidad, sino por argumentos.

El Rey de América que entrega el diario ‘El País’, una encuesta seria, por cierto, y que ojalá siga creciendo y se torne tradición, pone el moño a un año excelente del fútbol colombiano, quizás el más alto de su historia (¿o era mejor hace cincuenta años, como piensan algunos nostálgicos…?). Siempre que gana otro se declara que “está todo arreglado”.

Quien esto escribe vota desde hace años y nunca le han sugerido un nombre. El sábado fue un día luminoso para el fútbol colombiano: Miguel Ángel Borja es el Futbolista de América 2016; Reinaldo Rueda, el técnico del año, y siete jugadores de Nacional figuraron entre los 24 elegidos. Adicionalmente, de los 11 del equipo ideal de América 2016, siete son de Nacional (Armani, Bocanegra, Farid Díaz, Sebastián Pérez, Guerra, Macnelly, Borja). O sea, un predominio abrumador que fue refrendado por los periodistas de todos los países.

La distinción a Borja, a Nacional en general y por extensión a todo el fútbol colombiano no es un detalle menor. Colombia debería darle al premio el valor que tiene, su carácter testimonial. Y mantener los estándares de competencia. Las eternas urgencias exportadoras de Argentina y Uruguay, la llamativa infertilidad de talentos del fútbol brasileño y la laxitud de clubes de otros países le dan al fútbol colombiano —en plena ebullición— la posibilidad de asentarse en una meseta alta y seguir sumando laureles o protagonismo. Aun siendo un fútbol vendedor como es. El hecho de participar por primera vez con cinco representantes y que sean nada menos que Nacional, Santa Fe, Medellín, Millonarios y Junior le confiere la posibilidad de alcanzar nuevamente la final o, por qué no, la corona. No hay ningún clasificado que suponga una cuesta irremontable para los equipos colombianos. La disyuntiva es quedarse con el bonito recuerdo del año 2016 o seguir abriendo un camino grande.

Claro que los clubes deben pensar, como lo hace Nacional desde hace años, para qué participan, con qué expectativas. Para ganarse unos premios, para mostrar un par de jugadores pasibles de transferencia o para competir con aspiraciones. Cuando hay un horizonte claro y de grandeza, los triunfos son menos esquivos.

Los clubes han cumplido de largo. En este 2017 le toca a la Selección refrendar el presente feliz con la clasificación a Rusia. Pero esa es otra historia (dura…)

Jorge Barraza

Columnistas

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