Centro blanco

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La decisión del voto en estas circunstancias tiene una profunda raíz moral.

09 de junio 2018 , 10:52 p.m.

Estamos decidiendo qué hacer con nuestro voto en la segunda vuelta para la presidencia. Apenas transcurridas unas horas del resultado de la primera, vimos la predecible estampida de la dirigencia de los partidos tradicionales a la campaña de Iván Duque, lo que confirma cómo todas estas fuerzas le apuestan a su reproducción clientelista y corrupta en esas toldas. Varios indicios muestran cómo piensan no solo seguir en las mismas sino asegurar su impunidad con propuestas tan autocráticas como consolidar en una sola las cortes y que el presidente nombre directamente el fiscal, eliminando los balances y controles y la división de poderes que de siempre son esenciales en la democracia. Y seguramente Duque tendría las mayorías parlamentarias que le aprueben todo.

Esta convergencia claramente produce un frente ante el cual todos los colombianos asqueados con la corrupción podrían galvanizarse, para derrotarla. Lamentablemente, la alternativa electoral que permitiría la expresión de este repudio es Gustavo Petro.

El problema fundamental de Petro es que no genera confianza en lo que haría una vez se declarara victorioso en estas elecciones, independientemente de lo que diga y prometa en este momento de carrera hacia la moderación. Su afinidad con Chávez, su anuncio de convocar un referendo para reformar la Constitución, sus promesas fiscalmente irrealizables de educación universitaria gratuita para todo el que la quisiera (¿en qué trabajarían?) introducen riesgos económicos que las calificadoras internacionales registrarían. Estos no solo producirían una crisis fiscal al aumentar el precio de la deuda, sino, además, haría aun más difícil cumplir sus promesas en esas circunstancias que dentro del presente muy complicado escenario fiscal. En este caso estaríamos dando un salto al vacío, sin ninguna certeza de a dónde caeríamos, seguramente, a un lugar desastroso.

Por todo lo anterior, los colombianos que no queremos continuar en la polarización estamos buscando la alternativa de votar en blanco, con conciencia de que este voto no altera electoralmente el resultado de la elección Duque-Petro, pero sí el panorama político de la próxima administración, si somos un número considerable que consolide los que no creemos en la polarización izquierda-derecha, sino en la opción del centro, con tan importantes y crecientes liderazgos como los de Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Jorge Robledo, solo para empezar.

La decisión del voto en estas circunstancias tiene una profunda raíz moral. Para muchos, resulta imposible votar por las alternativas que se nos ofrecen en esta segunda vuelta. Puede que para muchos también sea aceptable escoger el mal menor. Pero para mí como para tantos, el votar por alguien representa una decisión moral de compromiso con lo que esta opción haga al gobernar. Y la escogencia es entre dos males inaceptables. Habrá muchos para quienes la elección es solo táctica. Pero se olvidan del mecanismo psicológico de la disonancia cognoscitiva por el cual una vez se expresa una predilección, automáticamente e inconscientemente uno comienza a reconstruir sus razones para haber tomado esa decisión y termina defendiendo lo que inicialmente era indefendible.

Los que vamos a votar en blanco no queremos que nos pase eso. Queremos tener los ojos bien abiertos a los peligros que cada lado ofrece a nuestra imperfecta democracia y poder mantener una independencia deliberativa, sin tener que pasar automáticamente a una ciega oposición. Queremos que cuenten cuántos somos y no caer en el anónimo abstencionismo. Queremos ser una fuerza independiente, cuerda, balanceada y constructiva, que no se nutra de las bajas pasiones de la venganza y la demagogia. Para poder sobrevivir colectivamente a los próximos cuatro años de incertidumbre y antagonismo, queremos ayudar a tender puentes y a converger en salidas razonables. Por eso vamos a votar por el blanco. Primero votando y luego en organizaciones que los liderazgos actuales y los nuevos que surjan nos ayuden a consolidar.

JOHN SUDARSKY
ED.D.

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