Tiempos turbulentos

Tiempos turbulentos

El referendo que promueve la senadora Morales es solo una primera escaramuza en las ambiciosas reivindicaciones del movimiento evangélico y pentecostal.

06 de noviembre 2016 , 12:42 a.m.

Casi con seguridad el proyecto de referendo liderado por la senadora Viviane Morales, que busca limitar la adopción de menores de edad solo a las parejas heterosexuales y que está pendiente de ponencia para segundo debate, naufragará antes de que pueda ser votado por los colombianos. Contra él conspiran la dificultad inherente de poner en marcha el mecanismo de referendo y la probable declaratoria de inexequibilidad de la Corte Constitucional en caso de ser aprobado, pero en especial los tiempos políticos de la próxima campaña parlamentaria y presidencial. Pero, ojo, no importa. Los objetivos del movimiento evangélico y pentecostal por ahora están logrados, y de sobra.

Ese es solo el primer asalto o la primera batalla de un propósito de largo aliento, similar a cuando Claudia Rodríguez de Castellanos se presentó como candidata a la presidencia de la República en 1990 con el Partido Nacional Cristiano y obtuvo 33.645 votos. Su objetivo no era la presidencia, sino visibilizar la Misión Carismática Internacional y generar sinergia entre fieles y votos. Ya para el año 2000, Rodríguez de Castellanos obtuvo más de 175 mil votos solo en Bogotá, como candidata a la alcaldía. Un asalto similar a cuando las minorías evangélicas se presentaron en un solo bloque a la Asamblea Nacional Constituyente y con 115.201 votos eligieron dos representantes, lo que constituyó una sorpresa, pues hasta ese momento ningún sector social había considerado que los evangélicos podrían constituirse en una fuerza política, como señala William Mauricio Beltrán en su libro 'Del monopolio católico a la explosión pentecostal'.

Y cuando nadie se dio cuenta de que habían llegado, entre otras razones, porque en los años 60 del siglo pasado las misiones protestantes renunciaron a convertir a las élites católicas y se concentraron casi exclusivamente en predicar en los sectores marginados, hoy el 15 por ciento de la población colombiana –unos 7 u 8 millones– se autodefine como cristiana, y su agenda sobre las garantías para la comunidad LGBTI y el matrimonio entre homosexuales terminó por derrotar al Sí en el plebiscito, después de aportar 1 y 2 millones de votos evangélicos al No. Un cambio de dimensiones colosales, similar a lo que ha acontecido en Brasil o Guatemala, que tienen las más altas tasas de no católicos en América Latina, y que no se puede subestimar.

Aunque carecen de una agenda política que los aglutine y su competencia por el mercado de las almas y el mercado de los votos ha exacerbado las rivalidades, la incidencia del nuevo voto cristiano puede cambiar el panorama político del país y abrir un periodo de nuevas reivindicaciones y alta conflictividad social.

En primer lugar, porque el 29,4 % y el 28 1 % del electorado de los nuevos movimientos religiosos se considera de derecha o de centro, mientras que apenas el 7 9 % se identifica como de izquierda (texto: ‘Del monopolio católico a la explosión pentecostal’), lo que puede ser definitivo en una segunda vuelta presidencial o en un clima de polarización frente a la agenda LGBTI.

Segundo, sus líderes más carismáticos están hoy a la cabeza de organizaciones multitudinarias y de emporios religiosos multinacionales, con cientos de sedes, colegios, editoriales, cadenas radiales y canales de televisión.

Tercero, porque la Corte Constitucional se ha extralimitado en sus funciones al ampliar en forma prematura los derechos de los gais más allá de lo prescrito en el marco constitucional. Cuarto, porque saben de sus posibilidades de incidencia política y quieren un presidente que les cumpla los compromisos. No como Santos, que se comprometió en sus iglesias con la defensa de la familia tradicional y terminó por designar dos ministras homosexuales y ningún ministro evangélico. Y quinto, porque semejante a la víspera del auge de la derecha cristiana en Estados Unidos en los años 80, este se inició de una manera inconexa con una red de activistas, de organizaciones dispersas y de un electorado potencial a la espera de consignas actualizadas. Mientras el liderazgo católico permanece vacío y débil, los movimientos evangélicos y pentecostales no solo buscan revertir el reconocimiento a los derechos de los gais, sino que también buscan desplazar a la Iglesia católica de su relación exclusiva y privilegiada con el Estado. Cualquier punto intermedio puede ser altamente conflictivo y el referendo de la senadora Viviane Morales es apenas una primera escaramuza.

JOHN MARIO GONZÁLEZjohnmariogonzalez@gmail.com

Columnistas

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