Un Estado presente y actuante

Un Estado presente y actuante

Se deben diseñar estrategias, planes y programas para las zonas huérfanas de Estado.

13 de mayo 2017 , 03:06 a.m.

En sus declaraciones al noticiero RCN Radio, el presidente Juan Manuel Santos dijo, entre otras cosas, que en el sur del Chocó, al igual que en muchas otras regiones, el Estado apenas empieza a llegar. Pero gracias al proceso de paz, “nos estamos fortaleciendo en zonas donde antes no estábamos”.

Este y otros muchos planteamientos me parecen de gran trascendencia, pues hacía falta que el primer mandatario los hiciera con la claridad que utilizó en ese espacio. Además, porque algunos sectores políticos, empresariales y líderes regionales creen que al gobernar desde sus despachos citadinos dirigen y controlan todo lo que pasa en sus territorios, o consideran que solo basta con que la Constitución y la ley lo digan. Pero en vastas zonas rurales, sus habitantes solo conocen el accionar de las Farc o de otros grupos ilegales, y echan de menos la presencia del Estado, sea este nacional, departamental o municipal.

En muchas de las zonas veredales en las que hoy se concentran los miembros de las Farc, las comunidades han vivido a merced de los grupos ilegales por años, y, básicamente, han dependido de sus rentas ilegales: cultivos ilícitos y narcotráfico, entre otros. Pero este panorama empieza a cambiar, y quizá sea este aspecto el que más credibilidad le confiere al actual proceso de paz. Sin embargo, la estrategia de ocupación institucional no solo debe ser de carácter militar, también se necesita de una oferta y atención comunitaria integrales.

Como lo afirmé en un comentario anterior, la presencia y gestión de la Fuerza Pública en el corregimiento El Cedral, del municipio de Ituango, en Antioquia, constituyen un buen modelo. Pero lastimosamente este no se ha valorado en toda su dimensión, aunque los medios de comunicación dieron cuenta de la inmensa satisfacción y alegría de la población que debió convivir con la guerrilla.

Es claro, entonces, que en vez de estar proclamando una autoridad que no ha existido, se deben diseñar estrategias, planes y programas para esas zonas huérfanas de Estado en alguno de sus niveles territoriales. No basta con pregonar que lo consagra la Constitución, o que el mandatario local, el regional o el nacional fueron elegidos para gobernar sus respectivos territorios, sin que nadie lo pueda impedir; las poblaciones víctimas seculares del conflicto armado requieren de un proceso de recuperación o de consolidación que les permita alcanzar esa esquiva estabilidad institucional.

Al mismo a tiempo, debe producirse una fuerte inversión social en materia de educación, infraestructura, sanidad básica, salud y en todos aquellos frentes donde el ciudadano de a pie pueda percibir los beneficios del proceso de paz, y para impedir que otros actores armados copen los espacios que han dejado las Farc.

Nota: el asesinato de policías a manos de integrantes del ‘clan del Golfo’ exige todo nuestro repudio y nuestra solidaridad con la institución. Al igual que hemos rechazado y denunciado los homicidios de líderes y dirigentes sociales, queremos sentar nuestro enérgico rechazo a estos crímenes, mientras exigimos su cese inmediato.

JAIME A. FAJARDO LANDAETA
e-mail: fajardolan@une.net.co
Twitter: @JaimeFajardoLan

Columnistas

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