Medellín: dos ciudades

Medellín: dos ciudades

La capital de Antioquia ostenta un inmenso progreso; pero también arrastra unos problemas estructurales de vieja data que no ha podido desmontar.

08 de noviembre 2016 , 07:15 p.m.

Resulta imposible negar el inmenso progreso que ostenta Medellín en los últimos años en temas como el de urbanismo, innovación, movilidad y transporte, e incluso en transformaciones sociales. Así lo reconoce el diario EL TIEMPO en su edición del pasado 5 de noviembre (‘Por qué Medellín es la ciudad más transformadora’), al citar, entre otros, el caso del sistema metro que da origen al transporte integrado, la movilidad por las laderas, las escaleras eléctricas públicas de la comuna 13, los parques bibliotecas para la integración social y el auge del sistema de bicicletas públicas, aplaudido con premios internacionales.

Además, en el manejo de la seguridad y la convivencia ha avanzado notablemente: dispone de una mayor capacidad operativa y de inteligencia de la Policía, de mayor tecnología e infraestructura, al tiempo que cuenta con una Secretaría de Seguridad que suministra información permanente a los organismos de justicia y control, al igual que garantías de articulación y respuesta unificada. Se multiplicó el número de cuadrantes y ahora se percibe un mayor reconocimiento ciudadano.

En materia social los programas de la alcaldía han crecido a la par con cuantiosas inversiones; los eventos internacionales que tienen a la ciudad como escenario son numerosos, y crece la afluencia de turistas para conocer de primera mano tanto esplendor.

Pero también es cierto que Medellín arrastra unos problemas estructurales de vieja data que no ha podido desmontar: con ellos hemos tenido que convivir y soportar que en ciertos momentos se agudicen los problemas de seguridad y convivencia, mientras mengua la credibilidad ciudadana en sus instituciones.

Alejarse del centro de la ciudad para trepar por las empinadas laderas de los barrios populares es constatar que aquí conviven dos ciudades opuestas. Si bien los beneficios de las obras e inversiones mencionados abarcan todo el territorio, su influjo en el desarrollo integral no llega en igualdad de condiciones a los estratos más bajos. Muchos ciudadanos se sienten excluidos de ese gran desarrollo y lo que ven es la falta de oportunidades y una gran inequidad social.

Es muy diferente vivir y apreciar la ciudad desde sus laderas y cumbres, que hacerlo en comunas como la once, la doce, la catorce y parte del centro (recordemos que en esta comuna, la diez, pululan todos los delitos y tiene asiento toda clase de delitos y rentas ilegales). Para mayor afrenta, es en las primeras donde se han asentado las estructuras ilegales, algunas de ellas con más de 25 años de accionar violento.

Muchos desconocen esta problemática de equidad social que se acentúa en las laderas de Medellín, para convertirlas en caldo de cultivo de la ilegalidad, el microtráfico, el auge de redes criminales y el predominio de una cultura que las alienta.

Hoy por hoy las estructuras criminales han evolucionado, a pesar de los severos golpes propinados por las autoridades; se nota que entraron en una nueva fase de reacomodo para garantizar el flujo de sus rentas ilegales. A pesar de que aún existen “puntos calientes”, principalmente en las comunas cinco, siete y en parte de la 16, en lo fundamental las llamadas fronteras invisibles y la práctica del homicidio han perdido fuerza, aunque el negocio ilegal exige otros comportamientos. El homicidio ha aumentando en comparación con el 2015 (19 por ciento) pero mantiene una tasa baja y significativa.

Se debería aprovechar la coyuntura actual para que en los asentamientos conformados especialmente por las víctimas del conflicto armado y desplazados, se desaten unas transformaciones que hagan las veces de auténticos actos de reparación integral, colectiva y territorial, para concretar avances firmes en la superación de los niveles de pobreza y miseria que hoy campean a lo largo de los balcones geográficos de la ciudad. Solo así será posible fortalecer la capacidad institucional y ganarles terreno a los grupos ilegales en general.


Jaime Fajardo Landaeta

e-mail: jaimefajardolandaeta@gmail.com
Twitter: @JaimeFajardoLan

Columnistas

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