Punto de quiebre en Medellín

Punto de quiebre en Medellín

Es innegable que las autoridades locales y nacionales han avanzado en el control de criminalidad.

13 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Los problemas históricos de seguridad ciudadana en Medellín han estado predominantemente relacionados con el narcotráfico y el conflicto armado. Se puede asegurar que muchos de los grupos delincuenciales actuales tuvieron su origen en estos grandes problemas. En los años 80, con el auge del narcotráfico; en los 90, con la presencia y el accionar del Eln, las Farc y los paramilitares. A comienzos de este siglo, con las bandas criminales, que aparecieron tras la desmovilización de las autodefensas, grupos delictivos que han utilizado varias generaciones de jóvenes de las comunas y sometido a las comunidades al terror y la extorsión.

Es innegable que las autoridades locales y nacionales han avanzado en el control de esta criminalidad, destacándose la reducción de la violencia homicida generada por estas organizaciones en más del 90 por ciento. La ciudad pasó de registrar, en promedio, 19 homicidios diarios en 1991 a 1,6 en 2017, y posiblemente este año finalice en 1,8 con el aumento que se registra al día de hoy.

Hasta 2015, la estrategia del Estado en contra de estas organizaciones criminales se centró en la persecución y detención de las cabezas, como ha sido el caso de la ‘oficina de Envigado’, que durante muchos años ha controlado más del 80 por ciento de las organizaciones delincuenciales que actúan en la ciudad.

Primero fue contra ‘don Berna’, quien fue extraditado en 2008; después, el empresario de fútbol Gustavo Upegui, asesinado por alias Danielito, quien asumió como jefe poco tiempo antes de ser asesinado. Siguieron ‘Rogelio’ y ‘Yiyo’, que negociaron con Estados Unidos; ‘Douglas’, detenido en 2009; ‘Valenciano’, capturado en Venezuela en 2011; capturados en Medellín ‘Sebastián’ en 2011, ‘Carlos Pesebre’ en 2013, ‘Barny’ en 2015, y, en los dos últimos años, ‘Tom’, ‘Mateo’, ‘Diego Chamizo’, ‘Pichi’ y ‘Duncan’, quien fue capturado en Perú.

A la fecha van más de 2.600 capturados, de los cuales 107 eran cabecillas y 216 hacían las veces de coordinadores de los distintos grupos delictivos que operan en la ciudad y fuera de ella.

Desde 2016, el alcalde Federico Gutiérrez, la Policía, la Fiscalía y la IV Brigada fortalecieron la estrategia de persecución de las estructuras criminales: no solo atacaron a los jefes de las organizaciones criminales, sino toda la estructura, las cabezas, los mandos medios y todo aquel que aparezca como posible líder de las organizaciones criminales. A la fecha van más de 2.600 capturados, de los cuales 107 eran cabecillas y 216 hacían las veces de coordinadores de los distintos grupos delictivos que operan en la ciudad y fuera de ella.

Esta estrategia ha logrado que los liderazgos de los distintos grupos tengan corta duración, baja incidencia criminal y que, por primera vez, públicamente ningún criminal se presente como líder o miembro de la ‘Oficina’, que controla el crimen de la ciudad; punto de quiebre que llevó a alias Pichi, jefe de ‘la Terraza’, a decirle a ‘Carlos Pesebre’: “Ya es hora de unirnos, de trabajar juntos en la misma dirección; si no lo hacemos, en tres años estamos acabados”, según interceptaciones de la Fiscalía.

Este accionar de las autoridades hay que sostenerlo durante lo que resta del gobierno de Federico Gutiérrez y el siguiente, si se quieren cambios profundos en el control de la criminalidad de la ciudad, pero hay que complementarlo con la organización y el fortalecimiento de las organizaciones sociales y comunitarias de las comunas intervenidas; continuar y profundizar la inversión social y atender de los niños, niñas y adolescentes que están en riesgo de involucrarse o están involucrados en actividades delincuenciales y violentas.

Finalmente, con la participación de la Uiaf, hay que profundizar la acción de las autoridades en la identificación y la expropiación de los cuantiosos bienes y recursos de las organizaciones criminales que se ‘lavan’ en Medellín y el área metropolitana; otras cabezas que también hay que perseguir. El nuevo gobierno debe prestarle toda la atención a Medellín si de verdad quiere enfrentar una parte importante del crimen organizado en el país.

HUGO ACERO VELÁSQUEZ

Columnistas

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