‘¡Hay que ser gobierno!’

‘¡Hay que ser gobierno!’

El gobierno, así lo hacen creer, es un asunto reservado a privilegiados con apellidos de alcurnia.

05 de julio 2017 , 12:00 a.m.

La izquierda colombiana y los sectores alternativos, con contadas excepciones, desde los mismos días en que irrumpieron en el escenario de la política (cargadas con los morrales y las mochilas de los paradigmas ideológicos internacionales, incluido el soviético de la senadora), ideológicamente y, por supuesto, domesticadas mediante el exterminio criminal y salvaje, la han convencido de que el papel en la política les está reducido al ejercicio de la oposición o, cuando mucho, de ‘carro acompañante’ de las opciones tradicionales.

El gobierno, el arte de ejercer el poder para transformar la sociedad, así lo hacen creer, es un asunto preservado a algunos privilegiados, con apellidos de alcurnia.

El ‘complejo de inferioridad’ que como lastre arrastran la izquierda y las colectividades alternativas, por estos días en que Gustavo Petro encabeza las encuestas presidenciales, me ha traído a la memoria el recuerdo del Congreso por la Democracia, convocado por el M-19 por allá en 1984 (Los Robles, Valle del Cauca), en el que la dirigencia de la desmovilizada guerrilla bolivariana y nacionalista, con la altisonancia con la que se caracterizaba, le dijo al país que había que abandonar el oficio subalterno de la oposición, e invitó a asumir la decisión de “¡ser gobierno!” De allá a acá, como dicen, ha corrido bastante agua por debajo del puente.

Hablar de democracia participativa, en esencia, era hacer posible y habilitar en la destreza y el ejercicio del arte de gobernar a todo ciudadano

El oficio de gobernar, recuerdo, fue uno de los debates en el escenario de la Asamblea Nacional Constituyente de hace veintiséis años, cuando se discutió la proposición sustitutiva que presenté a la propuesta de los sectores conservadores de la denominada ‘instrucción cívica’.

Argumenté, palabras más palabras menos, que hablar de democracia participativa, en esencia, era hacer posible y habilitar en la destreza y el ejercicio del arte de gobernar a todo ciudadano, y ello, ni más allá ni más acá, solo se hacía realidad si desde la escuela, de manera permanente, se instruía en la enseñanza del arte de cómo gobernar. Del debate de mi proposición surgió finalmente el consenso del actual artículo 41 constitucional (“pedagogía constitucional”). Formar ciudadanos aptos para gobernar, sin distingos sociales o económicos, es la manera de romper con las exclusiones de castas y de las plutocracias familiares que han gobernado.

Veintiséis años de vigencia de la Constitución, entre otras cosas, han servido para demostrar que la subordinación de la izquierda a los dictámenes del establecimiento aún pesa en la conciencia ciudadana y las colectividades que dudan ante las propias posibilidades. Buscar opciones que se desgajan de los partidos tradicionales les parece más cómodo que las opciones propias.

Hoy, como los viejos practicantes de la Masonería que comulgaban en las misas clandestinas de las madrugadas, hay quienes, desde la militancia zurda, se sonrojan sobre asuntos de las agendas ciudadanas contemporáneas como la igualdad en lo que respecta a las opciones sexuales, o les parece impolítico criticar los desafueros y violación de los derechos humanos de gobiernos autodenominados de izquierda de los vecinos que han perdido espacios de credibilidad y legitimidad ciudadana.

En fin, para poner ejemplos, la corrupción de los Moreno Díaz y de las complicidades de la derecha española con la Triple AAA y los gobiernos del Movimiento Ciudadano, para algunos, es un asunto al que hay que bajarle decibeles y poner altavoces en la manguala con las mafias criminales y corruptos de otros.

Así pues, el creciente apoyo ciudadano expresado en las encuestas a favor de Gustavo Petro, después del fervor gaitanista, abren la posibilidad para un presidente con arraigo ciudadano alternativo en Colombia. Las conspiraciones en contra se han puesto en marcha. Él, desde una postura progresista, convoca: “¡Hay que ser gobierno!”


HÉCTOR PINEDA
* Constituyente 1991

Columnistas

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