Inteligencia artificial, atención total y meditación

Inteligencia artificial, atención total y meditación

¿Los robots se alegrarán con los triunfos y se entristecerán en las derrotas?

04 de marzo 2018 , 03:24 a.m.

¿Puede un ‘software’ de inteligencia artificial autoobservarse, aplicar atención total y mejorar su desempeño? Pues así es, según el reciente anuncio de AlphaZero, un programa de computador creado por la compañía DeepMind, una ‘hermana’ británica de Google. AlphaZero, por sí solo, aprendió y alcanzó una destreza extraordinaria en Go, ajedrez y shogi, los tres grandes juegos estratégicos de mesa entre dos personas, originarios de China, India y Japón, respectivamente.

El superlogro de AlphaZero y el interés de esta nota giran alrededor del Go, un juego con reglas mucho más sencillas que el ajedrez, aunque con más alternativas para cada intervención. Además de su impresionante velocidad para aprender Go y alcanzar el nivel máximo, ¿qué es diferente en AlphaZero, si ya existían otros sistemas similares de inteligencia artificial?

AlphaZero puede jugar Go consigo mismo; al programa solo le dieron las reglas y, en sus autoevaluaciones, a medida que practicaba, el ‘software’ desarrolló estrategias, cada vez más sofisticadas, ‘inderrotables’ al final, tanto por maestros de carne y hueso como por programas competidores de ‘software’ y ferretería.

¿Aplica AlphaZero atención total? Metafóricamente, sí. La atención total humana es la autoobservación permanente de nuestra vida a medida que se desenvuelve. AlphaZero se mantiene alerta a cada jugada y a sus consecuencias. Cuando una acción es perjudicial, su ejecución implica desventaja o derrota; la detección ocurre microsegundos después del movimiento equivocado; AlphaZero aprende del error… Y ajusta su táctica.

¿Podría AlphaZero meditar? No, no lo necesita. Meditar es acallar la mente, la ‘unidad de procesamiento’, la CPU de los humanos. Esta no es una función de AlphaZero; silenciarlo sería apagarlo o dejarlo en pausa. Solo los ‘desconcentrados’ necesitamos meditar; los robots, no.

Como lo repiten los medios a diario, la inteligencia artificial está alcanzando logros espectaculares. ‘The Economist’, la revista inglesa, señala como ejemplos prácticos de inteligencia artificial, su aplicación en el balanceo de redes eléctricas y en la administración del flujo de tráfico en algunas ciudades, procesos estos de gran complejidad numérica.

Otro evento desconcertante en los resultados alcanzados con el ‘software’ de inteligencia artificial es la ignorancia de las rutinas utilizadas por los programas para alcanzar sus logros; tampoco ha sido posible obtener del ‘software’ la secuencia de los procedimientos matemáticos utilizados. El científico de la computación Yoshua Bengio, de la Universidad de Montreal, llama ‘intuición artificial’ a los desconcertantes malabarismos numéricos aplicados en los cálculos.

En el desarrollo de la inteligencia artificial, ¿qué seguirá a la autoobservación ‘forzada’, a la atención total ‘dirigida’, al ‘qué’ de un aprendizaje cuyo ‘cómo’ final no se conoce? Lo asombroso, tras los millares de partidas jugadas por AlphaZero y por otros programas inteligentes, es la capacidad de reconocer sus errores para no repetirlos. A través de esta secuencia enriquecedora, ¿llegarán los robots a tener consciencia? ¿Se alegrarán entonces con los triunfos y se entristecerán en las derrotas?

Si siguieran la evolución darwiniana, los robots deberán primero experimentar placer físico –el condicionante de la felicidad– y dolor ‘corporal’ –el condicionante de la desdicha– como pasos previos a las experiencias de alegría o tristeza. ¿Ocurrirá esto en los desarrollos de la inteligencia artificial? Aunque ya hay investigaciones orientadas a simular ‘placeres y dolores mecánicos’, que generen deseos y aversiones, la inteligencia artificial se centra, por ahora, en la resolución de problemas.

En resumen: AlphaZero ejerce atención total diseñada, pero no necesita meditar. ¿Desarrollarán pronto las máquinas una ‘mente’, una inteligencia autónoma, un sentido de identidad, una consciencia? No ocurrirá en los próximos diez años, según Ray Kurzweil, uno de los científicos más optimistas al respecto.

Dice este inventor y futurólogo que los humanos estaremos construyendo robots conscientes hacia el año 2030 y que para el 2046, las máquinas nos habrán superado en todas las actividades mentales. Ante esta perspectiva, ¿cuál es su proyección, amigo lector, para estos eventos? Si usted es milenial –nacido después de 1980– y si el doctor Kurzweil está correcto, lo más probable es que vaya a ser testigo de tales maravillas.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

Columnistas

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