Hacia la atención total

Hacia la atención total

La meditación es la mejor aproximación para ‘entendernos’.

10 de junio 2017 , 12:00 a.m.

El primer resplandor de su despertar interior, relata Eckhart Tolle en ‘Una nueva tierra’, lo advirtió una mañana en Londres mientras viajaba en el metro hacia la universidad donde estudiaba. Tan pronto se subió al tren, le fue inevitable escuchar el monólogo de una mujer que refunfuñaba sin cesar y con rabia. Ella se bajó en la misma estación del escritor y caminó por un buen rato delante de él, renegando todo el tiempo.

Cuando la perdió de vista, el escritor entró a un baño para lavarse las manos y, sin darse cuenta, exclamó: “Ojalá yo no sea como esa mujer”. Alguien le miró extrañado y, probablemente, en ese momento comenzaron tanto su transformación personal como sus excelentes libros. ‘Ya soy como ella’, pensó asustado.

Todos somos un poco como la pasajera del tren. “Ella pensaba con ira; yo lo hago con ansiedad”, escribe Eckhart Tolle. “Ella deliraba en voz alta; yo, casi siempre, en silencio”. Años atrás, este columnista, por su parte, le agregaba a sus autoalegatos un movimiento compulsivo de sus manos y brazos. (Aunque, con mucha menos frecuencia, el tic todavía subsiste; la meditación lo disminuyó notablemente). ¿Ha observado, estimado lector, cómo son sus monólogos? ¿Silenciosos o hablados? ¿Quietos o agitados? ¿Risueños o depresivos? ¿Rabiosos o angustiados? ¿Los ha notado?

Los problemas comienzan cuando ‘peleo’ con lo que hice, con lo que debí haber hecho, o con lo que voy a decirle cuando me encuentre con ese fulano

El pensamiento es espontáneo, simplemente sucede. El acto de pensar ocurre en tiempo presente: “En este instante estoy pensando en lo que estoy escribiendo”. Los eventos alrededor de los cuales divagamos son del pasado o del futuro. Allí se juntan las memorias de lo que ya hicimos con los proyectos que planeamos completar.

Los pensamientos, seguidos de acción inmediata, son o parecen ser perentorios: voy a ir a cine. Los problemas comienzan cuando ‘peleo’ con lo que hice, con lo que debí haber hecho, o con lo que voy a decirle cuando me encuentre con ese fulano. ¿Cuál es la solución? La atención total permanente al cuerpo, a las sensaciones y, por sobre todo, a los movimientos de la mente. ¿Fácil? No. ¿Posible? Sí rotundo. ¿Cómo? Fortaleciendo la atención total a través de la meditación.

La mayoría del tiempo no pensamos a propósito y los pensamientos ‘espontáneos’ son los que nos manejan. Hasta las jugadas del exigente ajedrez podrían ocurrir ‘en automático’. El éxito de los grandes maestros consiste en silenciar las distracciones para que sus cerebros aprovechen al máximo todo el conocimiento que ya tienen del juego ciencia y funcionen con la mínima intervención voluntaria del dueño.

De la misma forma, Lionel Messi tampoco ‘piensa’ lo que va a hacer cuando ejecuta sus espectaculares cabriolas. Nunca he escuchado decir que este célebre argentino, un fenómeno de la genética y la disciplina, haga meditación, pero sí es noticia común que muchos deportistas, en número creciente, la practican con frecuencia.

Los casos como el de la perturbada del metro de Londres, sin duda alguna, requieren de ayuda psicológica; los problemas menos graves de ansiedad y estrés pueden resolverse o aplacarse con meditación disciplinada. Paradójicamente, la persona típica con dificultades de comportamiento, cuando debe escoger entre psicoterapia o meditación, responde ‘no’ a ambas alternativas.

¿Solución? ¿Psicoterapeutas que mediten? Si los expertos en la conducta humana esperan asesorar bien a sus pacientes, pues deben comenzar con la única mente que pueden conocer: la suya propia. Solo ‘yo’ puedo ver mi película. La meditación es la mejor aproximación para ‘entendernos’ y alguien que desconozca el contenido de su cabeza no puede orientar a un tercero. Por esta razón, el éxito de la denominada ‘terapia cognitiva basada en la meditación de atención total’ es notable y creciente.

La meditación es la ‘gimnasia’ para fortalecer la capacidad de concentración y, por ende, facilitar la atención total permanente. Con tan solo darnos cuenta de que estamos distraídos, como por arte de magia y al instante, ya no lo estamos. Meditar es aislarse, aquietarse, cerrar los ojos y observar las agitaciones de la mente para que se quede callada. La atención total, meditación en acción, tiene semejanzas: se ejerce observando los movimientos de la rutina diaria… Pero con los ojos bien abiertos.

GUSTAVO ESTRADA
* Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

Columnistas

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